viernes, 18 de agosto de 2017

Apagón vacacional

Bueno, pues ya está.

C'est fini. È finita. The end.

Mis vacaciones han volado.

¡¡¡¡¡NOOOOOO!!!!

Totalmente en contra de mi voluntad, esta semana he vuelto currar. Como persona adulta y madura he procurado tomármelo bien y no hacer un drama de semejante TRAGEDIA, pero, queridos lectores, ya os adelanto que no he tenido mucho éxito en esa ardua tarea. Podría decirse que lo llevo mal. Muy mal. De pena. Para qué os voy a engañar.

Uno de los factores que más influyen en mi desgarrador estado anímico es que las vacaciones han cumplido a la perfección una de sus principales funciones, la de DESCONEXIÓN ABSOLUTA, por lo que la vuelta me ha cogido totalmente por sorpresa. Durante una temporada no he pensado en nada remotamente relacionado con mi curro. Ni con mis movidas habituales. Ni con mi interminable lista de tareas pendientes. Ni con mi vida normal. No he contado cuantos días quedaban para que ese paréntesis se acabara ni he recordado si tenía que hacer algo a la vuelta. NADA.

Estas semanas NO HE PENSADO. Y lo pongo así, en mayúsculas, porque en mí eso es todo un milagro. Una autentica proeza. No sé ni como lo he hecho. Supongo que tiene algo que ver con que mi móvil se escacharró al principio de las vacaciones y aproveché la circunstancia para hacer un apagón tecnológico. Y como la medida me sentó muy bien, sin querer fui ampliando los apagones a muchas otras áreas de mi cerebro. Desconecté las neuronas preocupadas por mi eternamente incierto futuro. Apagué las conexiones centradas en mi caótico presente, lleno de gente que va y viene y a los que es cada vez más difícil conservar. Dejé de estar pendiente de los miles de cumpleaños y el tsunami regalístico perpetuo que es mi día a día. No reparé en lo rápido que cumplen años los SpeedySpadres y todo lo que eso va a conllevar de aquí a nada. Me olvidé los cientos de reformas y mejoras que tendría que hacer en mi superguarida. Ignoré todo lo que me falta y la preocupación por lo que debería estar haciendo para conseguirlo. Estas vacaciones, simplemente, he cerrado el chiringuito. Me ha faltado cambiarme de nombre para que pareciera que me había colado en la vida de otra persona.

Ha estado bien, pero ahora el problema es volver. Tras el apagón tecnológico, en mi móvil hay cerca de 5000 mensajes de whatsapp sin leer con los que ni me planteo intentar ponerme al día, porque no me siento capaz. Una cosa parecida ocurre en mi cerebro. Mis temas sin resolver se han acumulado y ahora me está costando la vida misma volver a buscar soluciones...

Estoy cansada. No quiero. No me apetece. Necesito más vacaciones.

viernes, 11 de agosto de 2017

A ver cuándo espabilo...

Acabo de volver de unas vacaciones surperchachis en las que, fundamentalmente, me he dedicado a triscar por bosques, ríos y pantanos de las formas más entretenidas y diversas. He bajado a cuevas profundas. Me he lanzado al vacío desde siete metros de altura. He navegado-naufragado en piraguas de todos los tamaños. He practicado tiro con arco. Y en general me he dedicado a jugarme la vida mientras me partía de risa por mi propia inutilidad y la mala leche de mis compañeros de aventura, todos ellos doctores honoris causa en hijoputismo gratuito. Qué horror.

El caso es que estos días ha habido tiempo para todo. Para respirar aire puro. Para ejercitar los músculos (sobre todo los abdominales, a causa de las carcajadas). Para conocer paisajes nuevos. Para salir de juerga. Para confraternizar con la naturaleza. Y venga, lo voy a confesar ya, que sé que lo estáis deseando, para confraternizar con otros seres humanos. "Confraternizar" con y sin comillas, queridos lectores. Vosotros ya me entendéis...

Desafortunadamente a mi, como suele ocurrirme en los últimos tiempos, me han faltado las comillas y estaba pensando en mi laaargo viaje de regreso a casa por qué leches me han faltado. Quiero decir... En ese nutrido grupo de aventureros, material había. A lo mejor no material para sacar un novio en condiciones ni un amor para toda la vida (tampoco le pidamos peras al olmo) pero para unas comillas temporales de jijijaja y lo que surja, pues sí. Y vosotros os preguntaréis, ¿y entonces qué ha fallado? Y yo os respondo: Ni repajolera idea.

Supongo que mi proverbial inutilidad para asuntos ligoteriles habrá tenido bastante que ver. Y que tampoco habrá ayudado mi extrema lentitud para coscarme de que alguien me hace tilín o mini-tilín. Así que dentro de mi cabeza los temas cardíacos han transcurrido tal que así:

1º día. ¡Uy, cuánta gente! Voy a concentrarme en aprenderme todos los nombres, que eso siempre queda guay de primeras. Y sobre todo me iría bien centrarme en sobrevivir, porque bajando a esa cueva con estas zapatillas cutronas se me puede tragar la tierra.

2º día. Pues es todo el mundo muy majo. Oye, y cuánto me he reído con Juanito, Fulanito, Menganito y Zrutanito que son con los que he coincidido en el turno, ¿no? Muy bien. Y un día más que hemos escapado de las garras de la muerte, estupendo.

3º día. Hay qué ver, qué amables Juanito, Fulanito y Zrutanito ayudando a los que se quedaban atrás, ¿eh? Así da gusto. Y he visto pasar toda mi vida ante mis ojos, pero al final he saltado al río desde 7 metros de altura. No se lo va a creer nadie cuando lo cuente...

4º día. Quién diría que iba a tener tanto de qué hablar con Fulanito y Zrutanito, ¿verdad? Con lo distintos que parecíamos al principio.... Claro que estar al borde mismo de morir deshidratados tras 20 kilómetros de senderismo bajo el solazo abrasador unen a cualquiera. Nota mental: llevar siempre un par de botellas de agua. SIEMPRE. Hasta para ir a comprar el pan cada mañana.

5º día. ¡Solecito! Qué buen día ha salid¡JOER, QUÉ BRAZACOS LE HACE ESA CAMISETA A ZRUTANITO!, ¿no? Pero, pero, pero...¿siempre ha tenido esos brazos? ¿Y esos abdominales? ¿Y yo no me he dado cuenta hasta ahora?

Pues no, queridos lectores, no me había dado cuenta hasta entonces. Entre mi despiste natural y mi concentración absoluta en mantenerme con vida, cinco días me llevó coscarme de que Zrutanito me valía para "confraternizar" con comillas. A otras compañeras de viaje les costó menos, pusieron el intermitente, me adelantaron por la derecha y al turrón. Como debe ser.

El caso es que, repasando las fotos en el viaje de vuelta, reparé en que, mientras yo estaba completamente a por uvas, Zrutanito se sentaba siempre en mi misma mesa, remaba en la piragua de al lado, me sujetaba la cuerda en las partes más complicadas de la cueva y me ayudaba a ponerme el neopreno cuando parecía imposible subir la cremallera de esa prenda infernal. Y recordé también lo mucho que nos reímos esos días porque "Speedy, tú y yo tenemos un humor muy parecido, somos muy irónicos". Así que viéndole con la compañera espabilada que se me había adelantado no pude evitar pensar que yo seré una lenta que no se cosca de nada pero que...





Pues eso. Que a ver si espabilo para la próxima. ;P

jueves, 20 de julio de 2017

Operación secreta


Llevo desaparecida un tiempo y lo que te rondaré morena. Desde hace 6 días estoy trabajando en una operación secreta. Su nombre en clave es Vacaciones y se desarrolla en diversos puntos de la geografía peninsular. Mi trabajo consistirá en  infiltrarme en el sector turístico, playero y de aire libre y hacerme pasar por una guiri cualquiera. Quién sabe todo lo que exigirá esta nueva misión a la que me enfrento. Quizá comer paella y pescaito día sí y día también. Puede que sumergirme en lagos, mares, piscinas y todo tipo de masas acuáticas. Es posible que salir de cañas, de juerga y de lo que se tercie. Y no descarto que tenga que aprender cosas nuevas y conocer gente. Lo sé, suena fatal. Será duro, pero yo soy una profesional entrenada para sobrevivir a todo tipo de situaciones y estoy segura de que resistiré.

Podría contaros más, pero luego tendría que mataros.

Este mensaje se autodestruirá en 3, 2, 1...  

miércoles, 12 de julio de 2017

Lunes lunérrimo

Hay lunes normales, malos, lunes muy lunes, superlunes y lunes lunérrimos. Mi lunes de esta semana se inscribe definitivamente en esta última categoría. Y no se lo deseo a nadie.

Está claro que de un lunes nunca se esperan grandes cosas porque, a ver, significa el final del descanso y la vuelta al curro, no vamos a dar saltos de alegría. Y tengo muy asumido que mi vida normal normal, lo que se dice normal, nunca es. Pero lo de este lunes ya pasa a otro nivel. De verdad os lo digo.

Nada más salir de casa perdí el bus en mi misma jeta. Qué se le va a hacer. 20 minutos después perdí el transbordo, claro, faltaría más. Después fui al médico, para el que tenía hora hace meses (cuando me la dieron) y se indignó de que hubiera ido a su consulta. Que por qué había acudido a él y no a dermatología, me preguntó. Porque a mi médico de cabecera le ha parecido la mejor decisión, le contesté. Pues muy mal. Pues vale. Y así me quedo hasta que el dermatólogo tenga bien atenderme, dentro de unos mil años. Plus minus.

Después llegué a trabajar. Cuatro horas de una tediosa labor que tendré que volver a repetir porque parece que no me explico con la suficiente claridad. Salí a comprarme algo de comer y la lié parda en el supermercado.

¡¡¡PLATAPLOF, PIM POM CRASH!!!

Mi compra al suelo.

No sé cómo me las arreglé para tirar mi mochila del gimnasio, donde estaba metiendo los productos adquiridos, entre otras cosas un bote de miel que rebotó contra el piso, se rompió en mil pedazos y se convirtió en un aspersor dulce. El preciado trabajo de las abejas pringó toda mi ropa, el suelo, a la cajera, a una clienta que estaba pagando e incluso llegó a una estantería que estaba bastante alta. Claro que sí. Recomiendo encarecidamente intentar recoger la sustancia más pegajosa del mundo bajo la atenta supervisión de media Speedytown, que te mira entre el enfado, la pena y la estupefacción. Es genial. En algún momento de la maniobra, además, oí un sospechoso sonido de tejido desgarrado y mientras volvía a mi curro me di cuenta de que se me había roto el pantalón. Claro que sí. Porque llegar a la oficina oliendo demasiado a flores no iba a ser suficientemente difícil de explicar.

Y queridos lectores, no olvidemos que llegar al trabajo no siempre significa poder entrar, si la llave de la puerta decide convocar una huelga indefinida secundada por ella y todas sus copias. Quien no haya estado 35 minutos delante de un umbral, probando 3 versiones distintas de la llave correcta sin conseguir traspasarlo no sabe lo que se pierde. Igual debería haber probado aquello de 'Ábrete Sésamo'. Habría sido más efectivo, desde luego.

Aunque, si os digo la verdad, ya me habría gustado a mi no poder entrar. Porque fue poner un pie en mi centro laboral y darme cuenta de que caían cascotes del techo. Claro que sí. Se ha abierto un portal del tiempo, he viajado hasta la Segunda Guerra Mundial y estoy en medio de un bombardeo. Igual por eso las llaves habían convocado los paros parciales...

Total, que con mi desesperación, mis pantalones rotos y mi cara de estar al borde de un ataque de nervios subí al piso de arriba a decirle a mis vecinos que pararan las obras de su casa, porque en mi oficina íbamos a morir aplastados entre escombros. Y para demostrarlo les llevé dos trozos grandes de los cascotes que habían caído y que yo agitaba sin parar para enfatizar mis argumentos. Qué facha no me debieron ver los albañiles que me dijeron que sí que sí, que paraban, pero que ya hablaríamos al día siguiente, porque es tarde no íbamos a sacar nada en claro, dado mi estado de ánimo.

Y para colmo de males todo eso pasó en un lunes que también era el maravilloso primer día de mi maravillosísima regla, con todos sus maravillosos síntomas y efectos secundarios. Claro que sí.

Sé que pensaréis que estoy exagerando porque este blog es muy de exagerar, bien es cierto. Pero os sorprendería saber lo parecidas a la vida real que son algunas entradas. Por ejemplo esta.

lunes, 10 de julio de 2017

Tarde de finales felices

Me las prometía yo muy felices porque las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina y por fin iba a poder poner mi vida en pause para desconectar total, que buena falta me hace. Pero no sería un año impar si no trajera sorpresita incluida y  uuuuuna vez más, mis planes de relax peligran. Voy a luchar con uñas y dientes para sacar por lo menos algunos días y un viajecillo, pero ya es oficial que una versión compactada de la Supermovida ha llegado a mi verano para amargármelo y poco puedo hacer más allá de suspirar, resignarme y llevarlo lo mejor posible. Que es muy requetemal, ya os lo digo.

El caso es que mi tortura estival empieza hoy lunes y por eso el sábado, con los deberes hechos y 15.000 pasos registrados en mi pulsera de actividad en la primera mitad del día, decidí que me merecía un descanso. Un tarde de sofá, chuches e historias felices. Así que me fui a casa de los SpeedyPadres, que tienen una tele de esas con mil millones de trillones de canales y fui saltando de uno a otro en busca de grandes clásicos. Y por casualidad todos ellos los pillé en la recta final, cuando el drama, el sufrimiento y la incertidumbre ya habían quedado atrás.

Llegué en el "no dejaré que nadie te arrincone" de Dirty Dancing saltándome los prejuicios sociales de la familia de Baby, los malentendidos y las dificultades. Llegué a la salida triunfal y los plausos de Oficial y Caballero, obviando la muerte el amigo del protagonista, los miedos del protagonista y la soledad de la protagonista. Y llegué al discurso final de El Presidente y Miss Wade y tuve que meterme en internet a verla entera porque esa peli está llena de frases míticas que nunca está de más recordar.

-El mejor corte de que se le puede dar a los que están activísimos desde primera hora:
    -Louis, deberías reducir a la mitad el café que tomas por las mañanas
   - Nuca tomo café
   - Pues pégate con un bate en la cabeza

-Lo que te dan ganas de decirles a los que están colapsados por el trabajo:
    -Venga, relajaos, es Navidad
   -¿Es Navidad?
   -¿No te han pasado el informe?

-La conversación que todas hemos tenido (más o menos) sobre si te conviene o no el chico del momento:
     -Ese hombre es el líder del mundo libre. Es brillante. Es divertido. Es un bailarín mas que  aceptable. ¿No te parece que estamos poniendo el listón un poco alto?

-Un argumento para dejar sentado a quien sea con quien estés negociando.
     -Todo el mundo dice que está a favor de cuidar el Medio Ambiente pero cuando llegan las elecciones a nadie le importa. Por eso tienes un trabajo.
     -Cuando llegan las elecciones a la gente le importa lo que yo digo que les ha de importar. POR ESO tengo un trabajo.

Y por supuesto todo el discurso final, claro, que una americanada exageradísima, pero en el que se cuelan algunas grandes verdades.
     -¿Quieres libertad de expresión? Veamos si respetas a un hombre cuyas palabras te revuelven la sangre. Un hombre que está en el centro del escenario defendiendo a auténtica voz en grito aquello a lo que tú te has opuesto, también a voz en grito, durante toda tu vida. Por eso, el símbolo de la libertad de un país no puede ser sólo su bandera, tiene que ser cada uno de sus ciudadanos ejerciendo su derecho a quemar esa bandera como protesta.

     -Sea cual sea su problema, ese político no tiene ningún interés en resolverlo. A él sólo le importan dos cosas, dos cosas solamente: conseguir que ese problema les asuste y decirles a quién culpar de él. Así, señores y señoras, se ganan unas elecciones.

      -No podemos reducir la delincuencia si no hacemos desaparecer de las calles las armas de fuego. Las considero un peligro para la seguridad nacional y pienso ir puerta por puerta si hace falta convenciendo a los americanos de que tengo la razón y de que me den sus armas.

Pondría unas cuantas frases más, pero ya os hacéis una idea. Se nota que soy un poco fan de la peli, ¿eh? ;P


viernes, 7 de julio de 2017

Pulsera cutrona-molona de actividad

Mi pulsera de actividad está manchada de chocolate. Este hecho tan sorprendente como contradictorio puede ser sumamente esclarecedor y decir de mí más de lo que me gustaría. Y es que estar hecha una deportista total y practicar todo el ejercicio posible no está reñido con mantener mis vicios chocolateros y mi glotonería imparable. Una pasada, en serio. Qué horror.

Lo que también es verdad es que mi pulsera de actividad nunca ha sido una pulsera de actividad al uso. Desde luego, no una de esas mega profesionales y carísimas que se compran los motivados para controlar sus mejoras. La mía es cutre total, la pillé de oferta y mide los pasos (a su manera) y poco más.

Y ahí quiero llegar yo, a como mide los pasos. Con buena voluntad, sin prejuicios ni remilgos. Vamos, que le da igual si entre paso y paso te has trapiñado unos huevos rotos porque estás de tapas o si las piernas las ejercitas de probador en probador durante una agitada mañana de compras en la que de vez en cuando también te sientas o incluso si el movimiento viene de unos bailoteos alocados en una noche de concierto. Mi pulsera se limita a sumar pasos sin hacer preguntas, sin juzgar y manteniendo todo lo posible su mejor diagnóstico: calidad de deportes excelente. Claro que sí, jugando con el equipo.

Si vas a ser una pulsera de actividad cutre salchichera por lo menos que tengas actitud positiva y buen rollo, ¿no?

martes, 4 de julio de 2017

Como para escribir nada

Iba a escribir una entrada ayer, pero el día empezó con la típica escena de caos porque no te ha sonado el despertador y sales de casa a tropellada y tropezando con los  muebles y en general con la clara sensación de que los lunes son siempre una mala idea.

 


Y entonces llegas a trabajar y te esperan en la bandeja de entrada ocho millones de correos de gente triste que, como está amargada, lo que quiere es amargarle la vida a los demás y, en concreto, a ti. Y te da ganas de llamar a la policía para decirles esto.



Y sigues naufragando como puedes por tu maravilloso día, que se empeña en colocarte en encrucijadas en las que no sabes qué camino tomar porque no tienes suficiente información y porque... bueno, porque este de abajo podría ser el lema de tu vida.

 

Así que no escribes una entrada, claro. Como para escribir nada.

sábado, 1 de julio de 2017

La artista antes conocida como Speedy la Sedentaria

Bueno, pues ya está, ya es oficial, ya he pasado el rito de iniciación y he recibido el bautismo imprescindible de todo usuario habitual de gimnasios e instalaciones deportivas varias: ya me he caído en la cinta de correr.

Por suerte, no hay testigos oculares porque ahora con el calor, las vacaciones y las olas de pereza extrema en mi gimnasio no hay ni perri al mediodía, pero bueno, tengo dos heridas muy feas en la mano que demuestran mi tortazo. Un tortazo que, dicho sea de paso, podría haber sido mucho peor, así que oye, ni tan mal.

La secuencia de acontecimientos fue una cosa como la que sigue:

"Llevo minuto y medio corriendo y me apetece seguir la carrera tanto como arrancarme los ojos. Ay, parece que me duele la rodilla. Ay, estas zapatillas deportivas no me han hecho daño en todo el curso y ahora me aprietan los dedos, se me han debido de dilatar los pies por el calor. Ay, creo que tengo flato. Venga, no Speedy, hay que seguir, sólo llevas dos minutos corriendo, así nunca vas a mejorar. Distráete, venga, busca una distracción para olvidarte del sufrimiento. A veeeerr, ningún tío bueno a la vista. Ni tío normal. Ni tío feucho. Ni tía. Ni ser vivo de ninguna clase en 1 kilómetro a la redonda, Esto parece el desierto del Sahara. A veeeeer, sí, eso, pantallas de televisión, a ver qué tal esto. Noticias. Campeonato mundial de ajedrez. Noticias. 'Empeños a los Bestia'. 'Cámbiame'. Estoy a punto de cortarme las venas (como realidad, no como parte de la parrilla televisiva). 'House'. ¡Ah! House, venga, esta serie estaba bien cuando la veía hace 3000 años. El capítulo está empezado pero el caso me suena, debe de ser un episodio repetido. ¿Cómo acababa? Joer, los subtítulos salen dos siglos después, así no hay manera de seguir la escena. Yo creo que al final la esposa envenenaba al marido o tenía una doble identidad o algo así..."

PATAPLOFFF, PIN POM POM POM POM POM POM POM POM POM

"¿Eh? ¿Qué ha pasado? He debido de pisar mal y ahora estoy espatarrada en la cinta deslizante sin poder ponerme de pie. Y no hay nadie para echarme una mano. Creo que voy a morir aquí..."

De una manera o de otra conseguí sacar los pies de la cinta y agarrarme a algo para ponerme derecha. Como el gusano sale de la crisálida convertido en mariposa, yo salí de mi experiencia traumática convertida en otro ser, uno con superpoderes gimnásticos y runnerísticos. No es tan glamouroso como que te muerda una araña radioactiva, pero cada uno tiene su estilo.

Ahora sólo me hace falta un nombre molón. La artista antes conocida como Speedy la Sedentaria, por ejemplo. O igual un nombre con algo más gancho, ¿no?

Tendré que darle una vuelta...

martes, 20 de junio de 2017

No nos aburrimos

Iba a hacer una entrada contando los últimos días, pero me siento completamente incapaz de escribir algo que no sea un testamento y que se medio entienda. Así lo que voy a hacer es deciros que la mayor parte de las últimas horas de mi vida las he pasado trabajando y que en un momento u otro de esas horas se han oído cosas como estas:

-He recogido 4 cubos de agua del suelo del baño y todavía cuando entro hago olas porque me cubre por el tobillo. Sólo te digo una cosa: el muñequito que viene dibujado en la factura del agua no va a hacer el signo del ok este mes, sino que aparecerá con las manos en la cabeza escandalizado por el aumento del consumo. Te lo aviso para que no te asustes cuando llegue.

-¿Que se ha desmayado una trabajadora de este turno?
-Sí.
-¿Desmayado?
-Sí.
-¿Una trabajadora?
-Sí.
-¿Desmayado una trabajadora?
-Sí.
-¿Pero ahora, en el turno?
-Sí.
-¿Que se ha desmayado una trabajadora de este turno?
-Por muchas veces que me lo preguntes la respuesta va a seguir siendo sí. Reacciona ya, que has entrado en bucle.

-Ha llegado el horario de verano al gimnasio y nos han quitado todas las clases del mediodía, el único momento en el que podemos ir. Hemos hecho un sorteo y te ha tocado dirigir los ejercicios, así que ya estás buscando en youtube entrenamientos funcionales y sesiones de spinning para que mañana nos metamos caña.

-¿Que te han llamado a las siete de la mañana diciendo que no nos traen una máquina que necesitábamos sin falta para hoy?
-No, no, ojalá me hubieran llamado. Así por lo menos podría haberles gritado. Pero no. Me han mandado un whatsapp.
-¿Pero que te han dicho?
-Que les ha surgido un imprevisto y que lo sienten.
-Subtexto: "Que os den aire fresco", ¿no?
-Efectivamente.

-¿Cojeas? ¿Y eso?
-¿Te acuerdas que fui corriendo a coger al que se desmayó y me tropecé?
-Sí.
-Pues esguince.

-Pero, ¿por qué no cortasteis el agua cuando empezó a inundarse el baño?
-La cortamos, o eso creíamos hasta que el fontanero nos dijo que la llave intermedia estaba rota y aunque movíamos la manivela aquello no cerraba ni abría nada.
-¿Y ahora por qué no sale agua de los grifos?
-Porque cuando conseguimos cortar el suministro se partió la llave general y ahora aunque mueves la manivela ni abre ni cierra nada.
-Esto es el día de la marmota de "Atrapado en el Tiempo".

-¿Podemos ya declarar oficialmente este turno como el peor turno de la historia?
-Quita, quita, que aún quedan dos horas, no lo digas muy alto a ver si va a pasar algo más...

-¿Que tu madre se ha equivocado de medicina y se ha intoxicado? Sí, claro, por supuesto, vete con ella al hospital, corre...

-¿Que ha sido ese ruido?
-Espero que otras dos baldosas de la pared de la cocina que se han caído, porque si es algo peor no quiero saberlo. No me lo digas.

-¿Y ese reloj tan tecnológico?
-Es una pulsera de actividad cutrona. Mide los pasos y las calorías consumidas, pero lo de las calorías no va bien, ¿cómo vas a quemar sólo 300 dando 14.000 pasos en un día?

-¿Puedo ir al baño?
-Sí, pero quédate donde tocas pie que no hemos contratado socorrista aún.

-Podréis decir muchas cosas de esta semana, pero NO que os habéis aburrido. Eso no podréis decirlo.

viernes, 9 de junio de 2017

Un Joey con moño y a lo loco

No sé qué curriculum tendrá el medio-jefecillo de mi gimnasio. No quiero extender falsos rumorazos. A lo mejor es un tío que sabe un montón de máquinas y ejercicios, con una formación muy completa sobre forma física y mucha experiencia. Pero me huelo que todo eso es lo que menos tuvieron en cuenta cuando le contrataron.

Y es que la principal labor del medio-jefecillo de mi gimnasio es, SIN NINGUNA DUDA, ligar con las usuarias. Es, desde luego, en lo que más tiempo invierte y de verdad que no creo que sea por elección propia. Mucho me temo que debe de tener, incluso, una cláusula específica en su contrato para indicar que es uno de sus deberes. Algo tal que así.

"Artículo 15, barra 12, párrafo B. El abajo firmante tendrá la obligación de ligar con cada una de las clientas de las instalaciones sin perjuicio de raza, edad o complexión física. Deberá llamarlas con apelativos cariñosos al estilo de "chiqui" y la expresión y tonos más zalameros de los que el trabajador sea capaz"

Y su capacidad es muy alta, ya os lo digo yo. No sé qué otras habilidades tendrá en esta vida (a lo mejor muchas, ¿eh? Que yo no le juzgo) pero DESDE LUEGO la de ligar y flirtear la tiene extremadamente desarrollada.

Yo lo puedo decir con total objetividad porque en mí apenas tiene efecto. Le saco unos 1500 años (aprox) y no es nada mi tipo. Pero NADA. Es el típico chulillo de gimnasio, con unos muslos más grandes que la cabeza de lo musculados que los tiene y que lleva un mini-moñillo alto de esos que ahora están tan de moda. Vamos, que el chico tendrá su público, seguro, pero yo no formo parte de él. EN ABSOLUTO. Ahora, lo que es verdad es verdad. El chaval sabe que su habilidad es ligar... y la emplea.

Me di cuenta por algo que pasó el otro día. Iba yo con todos mis calores después de casi morir extenuada en una clase de bici, a la que había ido con unas mallas muy cortas para intentar no morir, TAMBIÉN, asfixiada. Me ve el  medio-jefecillo de mi gimnasio, me dedica el "chiqui" de rigor y lanzándome una mirada que parecía que me estaba pasando el Norton Antivirus me suelta:

-Ya se te está notando el gimnasio, ya...

Y a mi, que no soy su público objetivo, que le saco 1500 años y que no es nada mi estilo de chico, me dio hasta un poquito de corte. No demasiado, ¿eh? que tengo mucha mili, pero algo de ruborcillo ya me subió a las mejillas, ya, y pensé... ¡Bah! Este con sus parroquianas tiene que ser como Joey en Friends y su "¿cómo va eso?"

Un Joey con moño y a lo loco ;P




domingo, 4 de junio de 2017

Echando una cana al aire con Pe

Os cuento un secreto si prometéis no chivárselo al Consejo Superior de la Federación de Superhéroes. Este fin de semana me he portado un poco mal. Le he sido infiel a mi supertraje. Me he quitado mis mallas verdes y las he cambiado por otras rosas fosforitas. Y es que durante unas horas me he metido en la piel de una dama sobre ruedas.

Los que ya tengáis algunos añitos seguro que la recordáis. Era estilosa, muy rápida, mantenía su imagen intacta hasta en la carreras más estresantes y podía convertir un producto tan simple como el champú en un arma poderosa. Efectivamente, es ella, la que tantas veces hizo exclamar a Pierre Nodoyuna "maldición, maldición y tres veces maldición".



Durante unas horas ella fui yo. O yo fui ella. Y antes de que llaméis al manicomio pensando que me disfracé de ella voluntariamente, aclararé algunos puntos:

-Era una fiesta de disfraces. Los personajes se repartieron por sorteo. OBVIAMENTE, yo perdí ese sorteo. Habría preferido ser cualquiera de los otros protagonistas de series de dibujos animados que se sorteaban: Pedro Picapiedra, Las Tortugas Ninja o incluso una neurona de Érase una vez la Vida.

-Encontrar unas mallas de tamaño adulto de un rosa tan fosforito como ese no fue tarea fácil, pero, sin duda, el verdadero reto radicó en intentar construir con cartón un coche medio parecido al de Pe. Ilusa de mí, empecé intentando utilizar un caja de frigorífico. Tuve que abortar misión, claro, aquello era de todo punto inabarcable. Su (nuestro) vehículo acabó siendo el que veis en la imagen, más pequeño e infinitamente más manejable. Meter un coche (aunque sea de esas dimensiones y de cartón) dentro de otro coche tiene más miga de la que podáis imaginar.

-Al final la cosa quedó como muestra la foto. Para el desastre que me esperaba, ni tan mal, oye. Eso sí, los daños colaterales y las réplicas del terremoto disfracero se sienten todavía a estas horas en mi superguarida, donde el rosa lo ha invadido todo. Hay por todas partes restos de pintura rosa, de spray rosa, de gomas rosas. Hay papel rosa de todas las clases imaginables: de celofán, de seda, de cartulina....  Hay gomaeva rosa. Y creo que no hace falta que os diga de qué color son mis uñas en este momento...

Me enorgullece decir que tanto sufrimiento ha tenido recompensa. Ya puedo decir que, por primera vez en mi vida, he ganado un concurso de disfraces.

Más vale tarde que nunca ;P

martes, 30 de mayo de 2017

Vivir sin pensar

Por una movida laboral cero interesante, el otro día me vi en la obligación de describirme con cuatro palabras, dos buenas y dos malas. Para afinar el tiro y asegurarme de que acertaba, hice una encuesta entre mis más allegados para que ellos, que son los que mejor me conocen (seguramente mejor que yo misma), me dieran su opinión sobre los cuatro adjetivos que más me definen. Pensé que los resultados serían dispares y que tendría que decidir entre varias opciones, pero me equivoqué. Hubo bastante consenso. La mayoría de ellos estaban de acuerdo en que uno de mis  peores defectos es que pienso demasiado. ¡Toma ya! Ahí lo llevas.

Estoy de acuerdo en que le doy muchas (demasiadas) vueltas al coco y que la tira de veces soy mi peor enemiga. En mi cabeza me imagino siempre los escenarios más horrorosos, las condiciones más adversas y las consecuencias más terribles. Después, esos apocalípticos temores unas veces se cumplen y otras no y cuando pasa lo segundo siempre pienso que ha sido una tontada darme tanto mal. Reconozco que creer que más allá del horizonte hay dragones y mazmorras puede hacerme dudar demasiado, incluso paralizarme en alguna ocasión. Sin embargo, también pienso que esa forma de afrontar el futuro me prepara para lo que venga.

Quiero decir... Que si te esperas lo peor, diseñas tus defensas para hacer frente a lo peor (en la medida de lo posible). Buscas soluciones (en la medida de lo posible) para lo que pudiera surgir. Piensas planes B (en la medida de lo posible) para cuando los planes A fallen. Es una forma de adelantar trabajo para cuando vengan mal dadas e intentar optimizar los resultados. En la medida de lo posible, digo. ¿Qué la mayoría de las veces no sirve para nada tanta preparación? Cierto. Pero qué menos que intentarlo, ¿no?

Lo pensaba el otro día viendo a gente que es totalmente lo contrario a esto. Que actúan y luego piensan. Hasta niveles insospechados. Y para muestra un botón.

A una chica de mi gimnasio se le atascó la semana pasada el candado de la taquilla y no podía sacar sus cosas para irse a casa: su móvil, las llaves de su piso, las del coche... Ni corta ni perezosa, sin pedir ayuda ni consejo a otros para solucionar su problema, cortó por lo sano: rompió el candado. No le costó ni un minuto tomar esa decisión. Y no fue hasta después de hacerlo que reparó en el quid de la cuestión: una vez recuperados los enseres que le interesaban, ¿cómo cerraría de nuevo para dejar dentro del armario los que no quería llevarse? Porque ya no tenía ningún candado con el que asegurar el cierre...

Ella ni se lo había planteado. No es que pensara "da igual, me lo llevo todo, ya lo traeré" o "¡bah! Lo que dejo no tiene ningún valor, da lo mismo si no cierro la taquilla y desaparece". Simplemente no fue más allá de su problema. Vio una dificultad y la solucionó, sin reparar ni un segundo si su acción tenía algún tipo de consecuencia.

Lo que me alucina de esto es que estoy segura de que esta chica reacciona así en otros momentos y aspectos de su vida (no sólo en tontadas como la que os cuento). Es su forma de ser. Fijo que hará cosas parecidas en el trabajo, en los estudios, en el amor... Y seguramente le va bien. Al menos igual de bien que  me va a mi, que le doy mil vueltas a todo, intentando prever y evitar los problemas. Sólo que ella se quita las comeduras de tarro. Y eso que tiene adelantado...

No sé, estaría bien poder parar de vez en cuando este torbellino que tengo por cerebro y vivir sin pensar. O sin pensar demasiado. Quién sabe. Igual hasta me terminaba gustando.

sábado, 27 de mayo de 2017

Bienvenido, verano

Bueno, pues ya está aquí, ha llegado y ha venido para quedarse.

Ya es verano.

Yo lo he notado un poco porque el 90% de los termómetros de SpeedyTown están rotos. Claro, una oscilación térmica de más de 20 grados de un día para otro vuelve loco a cualquiera, más si eres el responsable directo de comunicar la temperatura. Los meteorólogos de la tele mantienen la cordura porque están duramente entrenados para la tarea, si no de qué.

Pero vamos, que eso de que sobre el asfalto se puedan freír huevos sin problemas ha sido sólo una pistilla, no lo más importante para darme cuenta de la llegada del estío. Los signos oficiales del cambio de estación son mucho menos científicos pero, sin duda, incontestables:

-Ya tengo en los pies la marca de las sandalias. La marca de bronceado, no ampollas (que TAMBIÉN, POR SUPUESTO, pero de eso ya hablaremos) Cómo se me han puesto morenos en un sólo día (en realidad unas pocas horas) en el que he llevado descubiertos los pinreles es para mi un misterio, pero ahí están las marcas. Los hechos hablan por sí mismos.

-No tengo calzado que ponerme. Con el de invierno me cuezo y todo el de verano está destrozado de la temporada anterior. Destrozado nivel IMPRACTICABLE, imposible de usar. Como para mí es una tortura comprarme zapatos porque todos me hacen daño, siempre hago la misma gracia: acabo como puedo los días de calor con unas sandalias que da pena verlas de lo estropeadas que están, cierro el armario y pienso que calzarse el próximo verano será problema de la Speedy del futuro. Y ahora la Speedy del presente, es decir la menda lerenda, se está cagando en todo lo cagable (en especial en la Speedy del pasado) por tener que andar con botas altas a 40 grados.

-Voy despeinada siempre. Dado el calor sofocante, mis incontables duchas después de gimnasio, curro y demás y la despiadada presión de SpeedyMum (inasequible al desaliento) para que me cortara el pelo, me lo he cortado. Eso significa que no tengo melena suficiente para hacerme el único peinado mágico que había aprendido hacer para no llevar permanentemente pelos de loca. ¿Resultado? Parezco una majara. Siempre. Las 24 horas del día. Qué tortura tengo con este caos que me crece de a cabeza, de verdad.

-Mi nevera está tan distinta que parece que ha pasado por algún programa tipo Cámbiame. Han desaparecido los hits de mis comidas invernales para dejar paso a todo tipo de frutas, zumos, ensaladas y vegetales imaginables. Bueno, y gazpacho, claro. Sobre todo gazpacho.




-He tenido que dejar mi saludable y recientemente adquirida costumbre de leer las etiquetas de los alimentos que como. ¿Por qué? Porque he oído rumores de que los helados y granizados tienen como un mil por ciento de azúcares y que eso debe de ser malo para la salud y tal. Y yo no puedo soportar estas temperaturas sin refuerzos. No puedo. Así que oye, ojos que no ven, corazón que no siente.

Por lo demás...

Bienvenido, verano. Pasa y ponte cómodo. Te estábamos esperando. Por lo menos yo.

martes, 23 de mayo de 2017

Cierro el chiringuito

Bueno, amigos, llegó el momento. Se acabó lo que se daba. He aguantado todo lo humanamente posible pero ya no puedo más. Cierro mi chiringuito de ligoteo digital. Aaaaaaaaaaaaaadiós.

Mi Cupidito de la Guarda ya puede volver a descansar tranquilo, que por aquí hay una que se raja. Ya está bien. He resistido como una leona para que no se diga que no lo he intentado, pero todo el mundo tiene un límite y yo he llegado al mío. ¡QUÉ HORROR!

Para mí ha sido un horror, vaya. Debe de ser cosa mía, porque a los demás les funciona a las mil maravillas, así que seré yo, que no me adapto al medio, que no confío en sus posibilidades, que no se me da bien o vaya usted a saber, pero hijos míos, a riesgo de ser reiterativa, ¡qué horror!

Me he encontrado de todo. De to-do. Como sois personas ocupadas  y no tenéis todo el día para leer chorradas, os lo resumiré es las tipologías más frecuentes:

-Los que no sé qué idioma hablan, pero el mío no. Tengo habilidad con las palabras, pero sin un mínimo de signos de puntuación, haches, bes y uves en su sitio, no hay forma de mantener una conversación. Y si no sabes el significado de términos simples ni datos básicos de cultura general, tampoco.

-Los cagaprisas nivel pro. Cada uno lleva su ritmo, está claro, pero hay por ahí cada aprendiz de Flash que ¡jodo! Igual es que el mundo se acaba mañana y yo no me he enterado.

-Los secuestrados por la mafia rusia. Hablas con ellos una vez y desaparecen. Hablas con ellos muchas veces y nunca más se supo. Tomáis un café que va bien (o eso crees) y se esfuman. Sin una explicación ni media, claro, es información clasificada. Hay qué ver la de espías secretos en misión especial que hay por las procelosas aguas interneteras, oye. Quién lo habría dicho.

-Los sí, pero no. ¿No quieres quedar? Guay. ¿Quieres que quedemos? Estupendo. Las dos cosas me parecen bien, pero DECÍDETE. La vida moderna es complicada y surgen imprevistos, pero quedar y cancelarlo más de dos veces seguidas muestra un patrón. El patrón conocido con el nombre científico "no sabes por donde te da el aire". Que no pasa nada, ¿eh? A todos nos ha ocurrido alguna vez. Pero déjame al margen mientras te aclaras, anda.

Podría seguir pero ya os hacéis una idea, ¿no? Como para no cerrar el chiringuito...

jueves, 18 de mayo de 2017

Colabora, coño

Llevo una semanita que para qué os voy a contar. Hartita me tiene más de uno. Los que no cumplen sus compromisos. Los que le echan morro. Los que sólo se preocupan de ellos mismos. Los culocagados. Los creídos. La gente más pesada que matar un cerdo a besos. Iba a intentar explicarlo pero me he encontrado esto por casualidad y una imagen vale más que mil palabras.




Pues eso.

sábado, 13 de mayo de 2017

El Efecto Cuchara

De mi último curro aún no he hablado por aquí porque tiene tela. Ya os contaré los detalles un día que tenga más tiempo. Hoy me voy a centrar en un fenómeno paranormal que se da en mi entorno de trabajo y que a mi me deja flipada. Lo llamaré el Efecto Cuchara.

A ver si consigo dar tres pinceladas para que cojáis el hilo sin soltaros una chapa.

-Mi centro laboral es un caos, porque desde allí se llevan muchos asuntos que implican a una gran cantidad de personas, la mayoría de los cuales son (para mas inri) despistados hasta la exasperación. Esto quiere decir que hay que acordarse de muchos (muchísimos) pitos y además estar al loro de que el que sea no te la líe en el momento menos pensado. Hay estrés, hay tensión y hay mogollón de imprevistos. El ambiente viene a parecerse un poco al barullo de un parquet de bolsa en hora punta, pero con asuntos superheroicos. Tal que así:
Lo del terremoto de China de mañana lo tienes controlado, ¿no? Pues acuérdate que la semana que viene tienes lo del tsunami de Japón, pero que no contarás para ir hasta allí con la nave de supervelocidad porque SpiderMan no te la ha devuelto aún (a pesar de que dijo que lo haría). Y llama a Batman y la Masa para recordárselo Y no salgáis muy pronto, que como no les gusta madrugar, igual perdéis el avión. Casi mejor llámales también a la hora que tengan que levantarse, no sea que se queden dormidos ¡Ah! Y ya sabes que el martes hay reunión, el miércoles convención y el jueves encuentro, pero el salón de actos puede que esté libre o puede que no. No lo sabré hasta el mismo día así que organízate como puedas. Y si al final se quedan 200 superhéroes acreditados compuestos y sin asiento, la vida es así, no la he inventado yo.

-Yo me dedico a unas cuantas tareas específicas que son MIS tareas. Nadie me ayuda en ellas. A la vez intento estar atenta a todo y enterarme de lo que se cuece por si hay que echar una mano para que todo vaya rodado, pero NO es mi obligación, es algo que hago extra. Y no soy omnisciente ni todopoderosa. Sin embargo, misteriosamente, se me piden explicaciones de todo como si todo fuera cosa mía. TO-DO
¿Hay patatas fritas en la despensa para la quedada-aperitivo de superhéroes? Los supertrajes tienen que estar planchados para antes del lunes a primera hora. ¿Que llueve? Hoy no me viene bien que llueva, no he traído paraguas. Haz que salga el Sol. 

- Pero lo más misterioso del tema es que se me piden explicaciones sobre el trabajo de los demás, a pesar de que yo no tengo NINGÚN tipo de autoridad sobre ellos. De hecho, tristemente, a mi la mayoría de la gente me toma por el pito del sereno. Laboralmente soy una cuchara porque ni pincho ni corto. Pero aún así tengo que responder sobre las tareas de otros que están sin hacer. ¿Y a mi qué me cuentas? Ya puedo decir yo lo que quiera que ellos harán lo que les de la gana.




Misterios sin resolver, que diría Iker Jiménez.

lunes, 8 de mayo de 2017

Sin lentillas desde ni se sabe

Una cosa os voy a decir, no os llaméis a engaño: cuando te gusta alguien, LO SABES. Cuando te gusta de verdad, digo, no en plan "me hace gracia", "es majete", "no está mal", "no tengo otra cosa mejor que hacer". ¡Cómo no te vas a enterar cuando llega alguien que te vuelve del revés! Te enteras. Ya te digo yo que te enteras.

Y sé bien de lo que hablo porque yo estoy "del derecho" desde ni se sabe. El otro día pensaba desde cuando y no me lo creía ni yo, así que entiendo perfectamente que nadie se lo trague, pero lo cierto es que hace la tira. Y así me pasa lo que me pasa, claro.



Que como no hay con nadie lo que tiene que haber, me cuesta distinguir qué tengo entre manos. Sé que no es lo que debería porque no hay suficiente, pero la pregunta es: ¿hay lo bastante para que se pueda aprovechar algo? ¿Hay bastante para una conversación, para una copa, para una juerga? ¿Hay bastante para unos mimos, para unos besos? ¿Hay bastante para un poquito más?

La parte consciente de mi cerebro nunca termina de tener claros estos matices, pero, por suerte, el inconsciente es sabio y me manda señales en forma de comportamiento reflejo: el grado de esfuerzo aplicado al acicalamiento pre-cita. Para que os hagáis una idea, el nivel máximo es un completo de "pinturas de guerra-peinado de pelo suelto con plancha-tacones-ropa de estreno-lentillas". De ahí para abajo los niveles son estos:

-Un completo sin lentillas. La cosa pinta muy bien, Puede incluso que mi intención fuera un completo total, pero que no me haya dado tiempo porque a veces los ojos se me sublevan y me pego dos horas para colocármelas. En todo caso, para mi las lentillas son un esfuerzo casi sobrehumano, no le pidamos peras al olmo tampoco.

-Que aparezca peinada, pintada, con tacones y ropa nueva es también buena señal por una cosa muy absurda que no debería confesar aquí pero que voy a largar igual, porque de perdidos al río. Tengo la absurdísima creencia que cada vez que estreno algo puedo pedir un deseo. Soy idiota, ya lo sé, pero alguien me lo debió de decir de pequeña y lo tengo grabado a fuego en la cabeza. Así que si cuando quedamos estreno algo, lo más probable es que el deseo tenga que ver contigo. Y casi seguro que no he pedido que desaparezcas.

-Que llegue maquillada y con el pelo suelto mínimamente ordenado implica, entre pitos y flautas, una inversión de dos horas de mi escaso tiempo libre. Dudo mucho que el que haya quedado conmigo haya gastado 120 minutos de su tiempo en nada que tenga que ver con la menda lerenda. Y ya sé que los que vais peinados todos los días no lo veis un esfuerzo tan grande, pero yo soy del club de la Coleta de Caballo Perpetua y ahora la melena me llega casi hasta la cintura, lo que convierte mi relación con la plancha en una tortura total. Pido un poquito de comprensión.

-Que llegue con la cara lavada (y ya) no augura nada bueno. Mis propósitos de Año Nuevo los tengo pelín descuidados y este de pintarme todos los días lo habré cumplido el primer mes (tirando por lo alto). Pero si antes de la quedada no me apetece ni desenfundar la máscara de pestañas, mal vamos...

Dicho lo cual: Sabéis desde cuándo no me pongo lentillas, ¿no? 

Desde ni se sabe.

sábado, 6 de mayo de 2017

Shortchanged

Hay palabras que no existen en español pero que son tan buenas que deberían existir. Una es, desde luego, el patata oficial que aprendí en lengua de signos y que ya os he contado por aquí. Otra gran palabra es shortchanged. Literalmente significa que te dan mal el cambio cuando compras algo y te devuelven menos de lo correcto. Metafóricamente se usa para expresar esa sensación de que la gente coja más de lo que da, que en una relación, de cualquier tipo, uno ponga mucho y el otro nada o menos de lo que debería. Eso que pasa tan a menudo en la vida. Por lo menos a mi.

Y que es que yo no se si gané algún tipo de sorteo en una vida anterior o qué, pero en ésta me ha tocado ser el pito del sereno. Al parecer, todo el mundo se cree con derecho a darme duros a cuatro pesetas. A timarme. A tangarme. A estafarme. A quedarse con todo lo que ellos quieran sin dar nada.

¿Sabéis eso que nos ha pasado a todos alguna vez de salir de terrazas con un grupo, poner de bote 10 euros cada uno para pagar las cañas de todos y que siempre haya el típico que desaparece a la hora de apoquinar la pasta y luego bebe como el que más? Pues así me siento en mi vida, sólo que la única que pone bote soy yo.

Speedy paga y beben todos.

¡¡SALUD!!

domingo, 30 de abril de 2017

Mi primer selfie, chispas

Sé que nadie va a creerme cuando escriba esto, pero lo voy a confesar igual: nunca me he hecho un selfie. Quiero decir un selfie selfie, uno de verdad, individual y en soledad, no los multitudinarios que se hacen en plan chufla en los bares, o en una excursión para que salga el paisaje detrás o la típica foto al espejo para que vean en tu grupo de whatsapp lo bien que te queda la cazadora que te han regalado por tu cumple.

Total, a lo que vamos: por razones cero interesantes ahora me veo en la obligación de hacerme un selfie. Y lo que es peor: tiene que quedar mínimamente bien, lo cual es fácil de decir, pero dada mi nula habilidad para la fotografía y mi -1 en fotogenia, difícil de hacer. Muy difícil. Casi imposible.

Y nada, esta mañana me he puesto a ello. Dado el grado de horror total de los primeros intentos y dado que he visto que algunas personas tienen selfies bonitos, he llegado a la conclusión de que tenía que haber algún truco que todos conocían menos yo. Le he preguntado a San Google y la respuesta está clara: filtros y edición posterior.

Ayyyyyyy, queridos lectores, nunca me habría imaginado la enorme cantidad de posibilidades post-selfie que existen. Todo un mundo. Mi móvil es un cacharro del Pleistoceno superior en el que no me he bajado ningún tipo de aplicación fotográfica ni nada parecido y aún así ofrece un millón de funciones. Tirando por lo bajo. Algunas me han dejado de piedra:

-Agrandar ojos. Colegas, hay una función para agrandar los ojos. Taaaaanta gente se quería poner los ojos más grandes que se han visto en la obligación de diseñar una función que lo haga automáticamente. Mentir hasta en los ojos, que se supone que son el espejo del alma.Ya no puedes fiarte de nadie.

-Adelgazar la cara. Otra cosa que me flipa es que la gente quiera aplicar este efecto porque, no es por criticar, pero no puede decirse que esté muy conseguido. Deforma sólo una parte de la cabeza y nada más, lo que, por comparación con el resto del cuerpo, aún da un resultado más desproporcionado. Si el inventor de este efecto lo pensó para mejorar, se cayó con todo el equipo. En mi humilde opinión, vaya.

-Suavizar el rostro. ¿Y de esta función qué me decís? ¿Qué se supone que consigue? ¿Que tengas un gesto más afable si has salido seria? ¿Que se marquen menos las arrugas de expresión? No sé cuál es el objetivo, pero una cosa tengo clara: en mis fotos no lo logra, ya os lo digo.

Así que, después de una primera incursión en las procelosas aguas de la auto-fotografía sólo tengo una pregunta: ¿Por qué lo llaman selfie cuando quieren decir trola, patraña, embuste, falsedad, engaño, bola, cuento chino... MEN-TI-RA?

jueves, 27 de abril de 2017

Que no te cuenten cuentos


He encontrado esto brujuleando por internet. No estaba firmado, por eso no pongo un link con la fuente, pero me ha encantado y quería tenerlo en el blog. Aquí os lo dejo. 

¡Feliz jueves!



sábado, 22 de abril de 2017

Primavera puñetera

Y oootra semana que no iba a cumplir mi ritmo actualizatorio. Como eso no puede ser, aquí estoy al límite y sobre la bocina, pero actualizando, aunque sea con un poco de ayuda de twitter.

Y es que con la llegada de esta primavera, que por la mañana casi te hace perder los dedos de las manos por congelación y por la tarde te abrasa las plantas de los pies del fuego que desprende el asfalto, no consigo centrarme. Estoy que no estoy.



Así que estaba intentando introducir en mi vida hábitos saludables a ver si la cosa mejoraba. Pensaba dormir más (¡JA!), beber dos litros de agua al día (ahí estamos) y comer mejor. Pero chico, es que esto de la alimentación se está poniendo más cuesta arriba que nunca desde que la OMS tomó cartas en el asunto. Primero fueron los embutidos y carnes procesadas y ahora es... bueno, básicamente todo lo demás. No deja títere con cabeza. Es malo el pan blanco y el arroz, las patatas, las palomitas, el queso en lonchas, el café... ¡Si hasta las manzanas les parecen mal! ¡¡LAS MANZANAS!! Parafraseando a Julio César: "¿También tú, manzana mía?" ¿Y de qué vamos a vivir? ¿De aire y agua? Porque por lo que he oído también están contaminados...

Total, que en mi empeño por mejorar mi salud, me paso tres cuartas partes de mi tiempo dedicado a la lectura a estudiarme las etiquetas de los alimentos que compro. Y sólo tengo una cosa que deciros:



Ante el fracaso de mi búsqueda de alimento para el cuerpo, decidí seguir buscando alimento para el alma y continuar intentando encontrar el amor en las procelosas aguas interneteras. Os voy adelantando la primicia: fiasco total. De hecho me he cruzado con cada uno últimamente (ya os contaré, ya, cuando tenga un rato) que voy a encargar tres cajas de felpudos de estos, con la palabra vida en lugar de casa.


Como está el tema, chavalada. COMO-ESTÁ-EL-TEMA.

Madre del amor hermoso.

lunes, 17 de abril de 2017

Porque no tengo porqué

Al loro con el nivel de frikismo de la comparación con la que voy a empezar esta entrada (quien me ha visto y quien me ve), pero lo cierto es que me viene al pelo para lo que quiero contar, así que allá va.


 

Cutre traducción por si alguien la necesita dada la torre de Babel idiomática que hay montada en este vídeo. Él le pregunta a ella que por qué, pudiendo adoptar el aspecto normal humano (simular ser una persona corriente todo el tiempo) no lo hace. Y ella le contesta: Porque no tengo porqué.

Y ahí quiero llegar yo, a su respuesta. Por unas razones o por otras últimamente me estoy viendo en la situación de tener que contar por qué hago determinadas cosas y por qué no hago otras. Me ha costado toda una vida de intentos, unos pocos aciertos y muchísimas equivocaciones llegar al punto en el que estoy ahora, ese momento en el que por fin sabes con qué estás cómoda, qué te sienta bien y lo que a la larga te traerá problemas. Me ha costado toda una vida ser consciente de que lo que hago o no es asunto mío y que la opinión de los demás me importa un bledo. Como te has perdido toda esta vida de aprendizaje, si a estas alturas del partido me preguntas, te contaré lo que quiero hacer y lo que no me da la real gana. Pero ni por un momento pienses que voy a darte explicaciones. Porque NO TENGO PORQUÉ darte explicaciones. Y menos aún justificarme.

No voy a pedir perdón por tener cuidado con los demás y (no lo niego) conmigo misma. No voy a pedir perdón por que me importen más que a ti determinadas cosas. No voy a pedir perdón por llevar un ritmo distinto al tuyo. No voy a pedir perdón por que nuestras prioridades sean diferentes. No voy a pedir perdón por que no pensemos igual.

Soy así. Ni puedo ni quiero ser de otra manera. Y además, NO TENGO PORQUÉ.

martes, 4 de abril de 2017

Una homless en tacones

¿Hay algo mejor, para empezar un fin de semana, que estar en el rellano de tu escalera con taconazos y cargada hasta los dientes con bolsas, maletas y un anorak de nieve, venga una ráfaga de aire y se te cierre la puerta en las narices sin que te haya dado tiempo a coger la llaves? Sí, que esas mismas llaves que no has cogido estén puesta en la cerradura.

Por dentro.

Claro que sí, guapi.

Como ya habréis sospechado a estas alturas de la entrada, ese fue el comienzo de mi sábado. Y así, pertrechada con mis taconazos, mi anorak y mis mil millones de bultos y maletas y al lado malo de una puerta cerrada a cal y canto, valoré mis opciones:

-Darme de cabezazos contra la pared por mi torpeza.
-Maldecir mi estampa por mi mala suerte
-Aparcar todo mi equipamiento en casa de los SpeedyPadres, coger las llaves de mi casa que me guardan ellos y esperar el milagro de que, de algún modo mágico y misterioso, la puerta se abriera cuando volviera con ellas.

Sorprendentemente, mi brillante tercer plan tenía algún que otro punto débil, el primero de los cuales radicaba en que no hay modo de transportar miles de bultos en coche si no puedes entrar en el garaje porque no tienes LLAVES del garaje. Así que ya veis a una homless con taconazos, anorak de nieve y cargada de bolsas hasta lo dientes, apostada al lado de la puerta, esperando a que entrara algún vecino para colarse en su propio aparcamiento y llegar hasta su propio automóvil. Ni os cuento la cara que se le quedó al vecino detrás del cual me colé, claro...

Otro de los puntos débiles de mi maravilloso tercer plan era que la magia está para otras cosas más importantes que para abrir puertas con llaves a ambos lados de la cerradura, así que mis taconazos y yo nos volvimos a casa de los SpeedyPadres a esperar a que el cerrajero tuviera un hueco para obrar un milagro. Todo esto se traduce en una Speedy que pide asilo político en el SpeedyHogar y se pasa tres días con la misma ropa y los mismos zapatos, tan bonitos como incómodos.

Ahora escribo esto desde mi superguarida, a la que, ¡por fin!, he podido volver a entrar hoy. De mi largo exilio me he traído unos pies destrozados tras 76 horas de taconeo ininterrumpido y la certeza de que podría haber sido peor. ¿Cómo? Si el portazo me hubiera pillado a punto de ir a una fiesta de disfraces y vestida de conejita de Playboy, en lugar de con tacones y anorak de nieve.

Ni tan mal, oye...

jueves, 30 de marzo de 2017

El monstruo de ojos rojos

Shakespeare llamaba a los celos el monstruo de ojos verdes. No sé si tenía un nombre así de molón para la ira, pero me vendría de perlas para esta entrada. Porque este post va de eso: de la rabia, de la cólera, del temperamento, del genio... De la mala leche, vaya, para entendernos.

Y es que yo de eso tengo para dar y regalar. Mi mala leche no es grande, es enorme, gigante, descomunal. TITÁNICA. Tengo una mala leche de flipar. No lo parece porque llevo años entrenando para controlarla y no la saco a pasear prácticamente nunca. Bueno, de hecho NUNCA. Cuando sale, no la saco yo, se me escapa.

Por suerte, apenas me ocurre. Intento evitarlo a toda costa porque salirse del tiesto me parece una falta de educación y un signo de debilidad. Si la ira se te apodera, pierdes el control. De repente no eres tú, eres un monstruo de ojos rojos que no tiene ningún poder sobre su comportamiento. No puede elegir lo que dice, cómo lo dice, en qué tono lo dice. No puede escoger las palabras, la brusquedad de los gestos, la furia de la mirada. No puede prever la gravedad de las consecuencias de sus actos Y si las prevé, se la refanfinfla.

Mantengo a mi monstruo encadenado en el sótano más recóndito de mi cerebro porque si sale, no soy capaz de volver a meterlo hasta que la ha liado parda y ya no hay vuelta atrás. Controlo a mi monstruo por mi y por los demás. Porque lo exige la educación, porque es lo que hace falta para vivir en sociedad. Por eso, cuando otros me montan pollos a mí (cosa que ocurre mucho más a menudo de lo que me gustaría) me llevan los demonios. Ellos, con sus rabias diminutas, con sus cóleras microscópicas, creen que me dominan, que me achantan a base de gritos y malas maneras. Y lo que yo pienso mientras tanto es algo así:

"Mira, débil mental. Como diría David el Gnomo, tengo siete veces más mala leche que tú. Se te pondría el pelo blanco de la bronca que podría echarte. Me aguanto porque tengo más educación, más estilo y más clase que tú. Me aguanto porque como libere a mi monstruo me va a costar la vida misma volverlo a encerrarlo. Pero en serio, por tu seguridad, deja de tocarme las pelotas, porque no sé cuánto más podré contenerme"

Madre mía, qué ganas de azuzarles mi monstruo a unos cuantos. ¡Qué ganas!

Me estoy ganando el cielo.

lunes, 27 de marzo de 2017

Grandes hits para un detector de mentiras

Hay bastantes cosas que estoy llevando mal en esto del ligoteo on line. Una de ellas es, sin duda, las preguntas a bocajarro. No sé qué manía tiene la gente de disparar cuestiones así, a lo loco, como proyectiles de ametralladora. Yo soy de las que piensa que para tejer una buena conversación hace falta, como en todo, un precalentamiento. Si no te conozco de nada lo último que me apetece es contarte mi vida. Lo lógico es empezar por algo neutro, poco personal, que tengamos en común. Templar la gélida temperatura inicial con alguna tontada. Y después si eso ya eso. Vamos, digo yo, ¿eh? Que tampoco pido la luna.

Me refiero a que si a los dos nos gusta El Coche Fantástico empecemos hablando de las series más míticas de los 80, que las risas están aseguradas recordando los momentazos de El Equipo A o Mc Gyver. Que si los dos somos fans de Faemino y Cansado charlemos primero de sus sketches más divertidos y así por lo menos nos partamos la caja. Que si a los dos nos gustaría ir a Nueva York en nuestro próximo viaje, comentemos para empezar los sitios que más nos apetece conocer de la ciudad que nunca duerme. Vamos, lo que viene siendo precalentar para cuando vengan las preguntas incómodas.

A la mayoría de la gente lo del calentamiento previo ni les suena y las preguntas incómodas llegan en el minuto 1. Y encima son doblemente incómodas: porque son personales y porque a la mayoría de ellas, en realidad, ni yo misma sé responder. Como para contárselo a nadie. Salgo del paso como puedo, pero esto es lo que tendría que decir para superar la prueba del detector de mentiras.

-¿Qué buscas?
Sé que quieres que responda que un polvo ahora mismo, pero no, lo siento. No quiero sexo casual, pero tampoco soy de los que necesita pareja a toda costa, me da igual 8 que 80 y me agarro a lo primero que pase. No sólo no me conformo con cualquier cosa, sino que me parece un CRIMEN hacerlo y que lo hagan conmigo. Lo que busco es conocer a alguien que me guste. Que me llegue un whatsapp suyo y se me escape una sonrisa. Que me apetezca verle a todas horas, pero que me deje espacio para que los dos hagamos cosas por nuestra cuenta. Que podamos hablar de todo. Que me muera de ganas por contarle mis locuras. Eso es lo que busco. Y si eso está, lo demás llegará por sí mismo.

-¿Te gusto?
Teniendo en cuenta que he hablado contigo dos milésimas de segundo y que la foto que pones en tu perfil puede ser la tuya real o la del anuncio de "Ya es primavera en el Tajo Inglés", pues no, hijo mío, no, por supuesto que no me gustas. Pero ni tú ni nadie en esas circunstancias. A lo mejor me has parecido interesante, o ingenioso o simpático. A lo mejor no me importaría conocerte más o quedar en persona para ver si más adelante me gustas. Pero ¿ahora mismo? Pues no, hijo mío, no. Milagros en Lourdes.

-¿Y esa trayectoria sentimental?
Primero: es requeteprontisisisisimo para tener la conversación de los exs. Y segundo: esa es la pregunta del millón. Ya me gustaría a mí saber por qué me va como me va en asuntos cardíacos. Porque tengo un Cupido más vago que el sastre de Tarzán y con complejo de ángel de la guarda... Yo que sé tronco, pregúntale a mi angelote alado, a mí que me cuentas.

-¿Y esa trayectoria laboral?
Otra de los grandes misterios del Universo. Estoy leyendo mucho últimamente sobre que hay que responsabilizarse de la vida y que lo que nos pasa lo provocamos nosotros, pero no sé... sinceramente no creo que sea totalmente aplicable a mis temas de curro. Porque yo he hecho lo que se suponía que tenía que hacer, lo que han hecho muchos otros a los que les va bien y aquí estoy, batiéndome el cobre cada día para mantenerme a flote. Así que, chico, ni idea. Si tú llegas a alguna conclusión, ya me la contarás. Me muero de curiosidad.

Estos son algunos de los grandes hits, pero hay más. Y todos disparados a bocajarro, sin avisar, sin precalentamiento y sin un mínimo de mentalización previa. Y luego que esto del ligoteo on line se me hace bola. Pues claro...

miércoles, 22 de marzo de 2017

La superpoderosa ermitaña de las cumbres

Contra todo pronóstico, sobreviví a la batalla encarnizada que mis anticuerpos libraron contra un violento virus la semana pasada. Fue una lucha sin cuartel que terminó bien, pero que me dejó para el arrastre. Tuve dos infernales días de curro para recuperarme y el finde no se me ocurrió otra brillante ida que irme de excursión. A la nieve. Para desconectar y tal. Claro que sí, guapi.

El caso es que yo creía haberme apuntado a un día tranquilo de pasear y tomar el sol en la montaña. Y bueno, nada más lejos de la realidad. Lo pensé porque mi amiga (desde el otro día, EXAMIGA) me vendió la moto del relax y la tranquilidad, pero es cierto que yo tampoco supe reconocer las señales: si te dicen que además de las raquetas de nieve alquiles crampones y piolets lo mínimo es olerse la tostada un poco. Pero yo, que estaba medio convaleciente del proceso viral superado por mi cuerpo hacía nada, no me cosqué ni miaja. Y así pasó lo que pasó, claro.

Que por poco desaparece una superheroina de la llanura para aparecer una ermitaña superpoderosa en las más altas cumbres. Y es que no sé cómo el ligero y agradable paseo previsto se convirtió en una extenuante subida por paredes de hielo que me llevaba, no hace falta ni decirlo, con la lengua fuera. Iba la última de la expedición al más puro estilo Evans en este temazo de Mecano.



Y si subir fue un problema, ni os quiero contar bajar, por laderas completamente verticales escurridizas a más no poder y con unas preciosas vistas que dejaban más que claro que si perdías el equilibrio bajabas rodando y sin obstáculos hasta los pies de la montaña. Unos 2000 metros de nada. Lo que se dice un descenso rápido y efectivo. Así que te agarrabas a cualquier saliente con pies, manos y las pestañas, si te descuidas.

Sorprendentemente, ahora me duelen músculos del cuerpo que no sabía que existían. No sé por qué será...

miércoles, 15 de marzo de 2017

No, hoy no hay entrada

Escribiría algo para cumplir con mi dos entradas semanales pero estoy al borde mismo de la mismísima muerte. Si ECDC tenía opresión yo tengo combustión interna. No sé qué tipo de virus está atacando mi organismo, pero mis anticuerpos lo están combatiendo con tal fiereza que el campo de batalla (es decir el reverso de mi cuerpo serrano) arde en llamas. Me queman las vías respiratorias. No me pican, ni me escuecen. Me queman. Me abrasan de tal manera que me lloran los ojos. Las lágrimas hacen espejo con el sol y cuando voy por la calle apenas puedo mantener los párpados abiertos. Estoy por comprarme un bastón de esos que usan los ciegos, no os digo más...
Así que para resumir: 

-No, hoy no hay entrada.
-Y sí, os tengo presentes en mi testamento. 

Tenedme presente vosotros también en vuestras buenas intenciones y deseos, que estoy al borde mismo de la mismísima muerte.

Sin exagerar.

viernes, 10 de marzo de 2017

Excusas

Bla, bla, bla, bla... Obras son amores y no buenas razones. Todo lo demás son cuentos chinos. Que no te la den con queso.


 

martes, 7 de marzo de 2017

Dificultades on line

No se puede decir que no le esté poniendo voluntad a esto del ligoteo on line, pero hay que reconocer que el tema es más difícil de lo que parece. Igual es porque a mi no me va mucho esta modalidad ligoteril o porque no estoy entrenada, pero creo que también tiene algo que ver que hay cada un@ por ahí que ¡jodo!, para qué os voy a contar. Aunque bueno, pensándolo bien sí que os lo voy contar sí, porque algunos de los perfiles que me he encontrado son de agárrate y no te menees. Y hablo de ellOs y ellAs. Madre-del-amor-hermoso.

-Están los optimistas totales y superpositivos.

"La verdad es que había abandonado esto y volviendo me encuentro, las mismas caras, las mismas fotos... lo cual me demuestra que este sitio no funciona... No creo que esté aquí la chica que busco, pero quién sabe"
Madre mía, qué buena actitud, no veo el momento de empezar a hablar contigo.

-Están los que se ponen a pedir y se quedan solos.

"Chica humilde, educada, con caracter, lista, guapa, con buen cuerpo....con la cabeza bien amueblada, culta, con estudios."
Por supuesto que sí, hijo mío, lista, guapa, limpia, hacendosa, dócil, de buena familia y puestos a exigir que también sea millonaria, con una casa en Malibú y con avión privado. Y lo de los estudios es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta que una línea más abajo tú has puesto que no sé qué era "bonito y Vello", bello con V. Claro que sí. Consejos vendo y para mi no tengo...

-Están los que van de graciosos y tienen la gracia en ... bueno, no sé donde la tienen, pero yo no se la encuentro

"Quiero una chica no-calva.... no-vívora.... y si me pone un chalet en Mallorca.... mejor que mejor"
¡Qué chispa! No me digas más, te vas el verano que viene de gira con Las Virtudes, ¿no?

-Están los ingenuos de la vida

"No contesto a perfiles sin foto"
Haces bien, pero deberías ser consciente de que en esta web el 50% de la gente pone imágenes de la última campaña publicitaria de Mango o fotografías suyas, pero de hace más de dos décadas. Así que si lo que más en cuenta tienes es la foto... ¡buena suerte!

-Están los que eso de la concreción no les suena de nada

"Busco una mujer normal"
Pues, chico, a estas altura de la película, define normal.

-Y las que concretan a más no poder

"Que tenga mas que un bachillerato, piercings , tatuajes, gafas, lado friki, ser alto jajaj que usen colonia (parece una tontería pero pff, chicos, en serio, nos encanta)"
¿Y un lunar en un punto determinado de detrás de la oreja no pides? Porque si no tiene una peca en esa ubicación exacta no sé qué vas a hacer con él...

Y esto es sólo una pequeña muestra de lo que me estoy encontrando por ahí. ¿Ahora me entendéis cuando os digo que el tema está difícil?

viernes, 3 de marzo de 2017

Mi Cupido de la Guarda

No es un secreto por aquí que el Cupido que me ha tocado en suerte no es muy trabajador que digamos. Desde luego, no creo que le de un ataque al corazón por el estrés que le generan mis asuntos, vaya. Él me suelta en el ruedo amoroso, así sin burladero, capote ni ná de ná y allá me las componga. Y bueno, así me va como me va, claro.

El caso es que estaba mi angelote con la mosca detrás de la oreja con esto de mis intentos de ligoteo on line. Creía el pobre que se le iba a amontonar el trabajo del éxito que yo iba a tener con el tema. Y bueno, visto el discurrir de las primeras semanas, el querubín ya está bastante más tranquilo. Tranquilo nivel comprarse un sofá para esperar cómodamente a que me canse de intentarlo. Con eso os lo digo todo.

La cosa es que con el sofá le han vendido un látigo que le está viniendo al pelo. Porque mi Cupido particular tiene, además de toda la vagancia del mundo concentrada en su cuerpo celestial, complejo de ángel de la guarda. Él hacer algo para que las cosas fluyan no hace, pero para provocar cortocircuitos cuando considera que el candidato entraña algo de riesgo le falta tiempo, ¿sabes? Y para eso el látigo le viene que ni pintado, claro.

Y ahí le veis, repanchingado en el sofá viéndome escarbar entre montañas de opciones masculinas que ni fu ni fa cuando, de repente, doy con un tipo distinto. Original, listo, ingenioso. Con atención al detalle, que lee... ¡y que escribe! (Los nervios de Cupido se tensan.) Y no sólo escribe sino que escribe con gracia, con franqueza, diciendo cosas diferentes de forma diferente. (Cupido se incorpora y adopta postura de acción.) Su estilo es fresco, espontáneo, casi como si le oyeras hablar en vez de leerle. Como un bloguer, vaya. Uno de estos bloguers encantadores, canallas y pelín vivalavirgen. (Saltan todas las alarmas celestiales y...)

¡¡¡¡ZAS!!! 

Latigazo al canto.

"Sentimos informarle de que el usuario ha abandonado la aplicación"

Así que sólo me queda una cosa por decir:

"Cupidito de la Guarda, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón... Que sí tronco, que sí, que se veía de lejos que ese era un vivalavirgen que me iba a llevar un poco por la calle de la amargura a largo plazo, pero joer, colega, para uno que encuentro, déjamelo un ratito, anda... tómalo, tómalo, tuyo es, mío no"

Encima de vago, amarrategui. Qué joyita de Cupido, oye.

lunes, 27 de febrero de 2017

Daño gratuito

Últimamente me han dado un par de patadas emocionales de las buenas, buenas, de las que te dejan lista para papeles. Que parece mentira que no haya hecho callo ya, con la de leches que me estoy comiendo de un tiempo a esta parte, pero aquí estoy, hecha un poco una piltrafilla y pensando exactamente lo que decían en Twitter el otro día:



Y es que eso es justamente lo que me pasa por la cabeza cada vez que me calzan un guantazo anímico de estas dimensiones. Pienso: Pero esto... ¿a cuento de qué? ¿a qué fin? ¿qué necesidad?

Sí que tengo clara una cosa, y es que en el fondo de cada sopapo afectivo hay siempre un elemento común: un ego descomunal. En concreto el de la persona que te suelta la galleta, que se pone a ella misma por delante de cualquier otra y que hace su santa voluntad caiga quien caiga, o peor aún, sin ni siquiera pararse a pensar cómo te afecta a ti lo que hace. Tú ni siquiera eres un elemento de la ecuación, no estás, no cuentas, eres invisible. Como un superhéroe, oye, no te quejarás...

Y cuando es eso... pues vale que vale, eso es lo que hay y no hay más, para qué darle más vueltas. La cosa se hace más difícil de digerir cuando el bofetón te lo atizan sin que haga falta atizártelo para salirse con la suya. Cuando podrían hacer lo que les conviene sin necesidad de repartir cera, cuando conseguirían exactamente lo mismo sin tener que hacerte daño. Pero claro, para qué plantearse si quiera llevar un poquito de cuidado, si meter leches es gratis...

martes, 21 de febrero de 2017

El Homo Selfie

Según el siempre sapientísimo San Google, fotogénico no tiene antónimo, lo cual me deja sin título para esta entrada y con la obligación de inventarme un palabro para contaros lo que os quería contar. Así que me tengo que sacar uno de la manga. Por ejemplo, un, dos, tres, responda otra vez: -1 en fotogenia.

Y ese, desde luego, es una de mis superpoderes negativos más desarrollados. No es que en 3D sea aspirante a finalista en la próxima edición de Miss Universo, pero bueno, ahí vamos. Con mis puntos fuertes y mis defectos, como todos, pero me defiendo. Ahora, es que me apunten con una cámara y... bueno, no tengo palabras. Me pasa exactamente lo mismo que a Chandler en este episodio de Friends.

 

E-xac-ta-men-te lo mismo. No lo puedo evitar. Me enfoca un objetivo, de lo que sea (vídeo, fotos...) y me salen unos caretos que dan miedito. Flipante, en serio.

Como yo no soy una loca de la fotografía, el tema no me preocupa demasiado. Es una lata cuando me toca hacer un curriculum actualizado y no tengo una imagen mía en la que no parezca una terrorista, pero como contemplar mi HO-RRO-RO-SO DNI me tiene bien entrenada, tampoco me quita el sueño. Pienso que la empresa que me contrate estará llena de valientes que no le tienen miedo a nada (ni siquiera a mujeres con intención de detonar bombas) y arreglado. Pero, ¡ay, amigos! con internet y las redes sociales hemos topado. Ahí mi pasotismo fotográfico no me sirve para nada.

Porque internet ES IMAGEN y, desgraciadamente para los que ya tenemos cierta edad, convivimos con la generación selfie. Estos chavales que ya jugaban con el móvil de sus padres desde la cuna, que teclean mucho mejor a ordenador de lo que escriben a mano y que no saben lo que es un diccionario porque todas sus dudas las han consultado on line. Esos que hasta ahora eran chavales y que se han convertido en adultos jóvenes que conocen el smartphone como al palma de su mano y dominan completamente el (no tan sencillo) arte de sacarse fotos con ese aparatito: la luz, el encuadre, el gesto... no hay error en sus disparos. Es la perfección hecha selfie, esa foto de perfil en la que parecen top models vengan con la cara que vengan de fábrica.

Esos son ellos, el Homo Selfie, la siguiente generación, unos especímenes que han mutado para adaptarse a la siempre temible y llena de competencia selva digital. Quien se adapta sobrevive, ya lo decía Darwin. Y frente a ellos quedamos sus antepasados, nada preparados para los nuevos peligros y amenazas interneteros. Nos reconoceréis porque nuestra imagen de perfil está tomada por otro, con cierta distancia, seguramente en la playa o durante el transcurso de alguna excursión y si me apuras la hemos escaneado de una foto previamente revelada en papel.

Sí, esos somos nosotros. Y la verdad, no sé si seremos capaces de sobrevivir. Tengo miedo. ;P

viernes, 17 de febrero de 2017

Que me parta un rayo

Aunque estoy poniéndole todo el empeño del mundo, esto del ligoteo digital se me está dando regulero. No sólo por todo lo que ya os he contado, sino porque en esta práctica, como en los bienintencionados (Y HORRIBLES) intentos de emparejamientos externos, se empieza por el final. Y claro, así no hay manera.

Y es que en asuntos cardíacos, por lo menos para mí, las cosas van al revés. Vas por la vida, te cruzas con gente, de repente alguien te llama la atención (por su ingenio, por su amabilidad, por su físico...) y empiezas a poner los medios para conocerle y así saber si puede salir alguna historia romanticona de ahí. Sin embargo cuando te intentan emparejar con ese chico que seguro que te va a encantaaaaaarrrr o cuando te dedicas a recoger setas on line no hay nada previo, esa chispa, ese "no sé qué que qué sé yo" que te llama la atención y pone en marcha tu radar amoroso. En ambos casos te sueltan en el ruedo ligoteril a las bravas, a lo loco, a probar si el que han metido contigo en el ring te sirve como contrincante. Y claro, es una lotería. Hay las mismas posibilidades de que eso funcione como de que te toque el Gordo de Navidad o te caiga un rayo, es decir, más bien pocas.

Y no es una cuestión de exigencia ni muchísimo menos porque a aquí la que escribe le ha gustado cada peor de la vida de agárrate y no te menees. Por si alguno de mis exs llegáis a leer esto alguna vez por casualidad (¡¡HOLA AMORES!! ¿Qué taaaaalll?) aclaro que os quise un montón y que siempre os tendré cariño, pero reconocédmelo, eráis unos peores de la vida. No en plan mal, claro, más bien en plan desastre simpatiquete como lo soy yo, pero unos peores de la vida, hijos míos, ya os lo digo.

Ni qué decir tiene que todos teníais "un algo", por supuesto. Por lo menos para mi. A, eras el más buenín del mundo. L, conseguías convertirlo todo en un juego, aún no sé cómo. D, tenías (y tienes) las habilidades sociales más desarrolladas que he visto jamás, les caías (y les caes) bien a todos. J, no sabría decirte, Creo que era tu forma de mirarme, pero en realidad nunca supe a ciencia cierta qué hacía que me encantaras como me encantabas. J (2), tu sensibilidad (para lo bueno y para lo malo) y tu intensidad al vivir el arte.  No voy a seguir porque ni vosotros ni los que me quedan por nombrar vais a leer esto nunca y si llegáis a hacerlo y os queda alguna duda dadme un toque y lo hablamos, que no he cambiado de número de móvil.

A lo que iba es que para que a mi me guste alguien tiene que tener "un algo", que a veces surge de repente y otras tardo siglos en descubrir. En los intentos externos de emparejamiento y en la caza on line de setas lo de esperar está fuera de la ecuación, porque nadie va a darte un margen. O funciona desde el minuto uno o pista. Pero como he dicho en el párrafo de arriba que funcione desde el principio, que el que tienes enfrente tenga "un algo", es una lotería tan poco probable como que te caiga un rayo.

Así que sólo me queda decir lo que diría el pobre Pierre Nodoyuna de los Autos Locos...

Maldición, maldición y tres veces maldición.

martes, 14 de febrero de 2017

5 minutos bien empleados

Madre mía, qué preciosidad. Buscando no sé qué me he encontrado esto. Dicen un montón de verdades, muy bien explicadas y mejor interpretadas. Invertid 5 minutos de vuestros tiempo en ver este vídeo.  Me lo vais a agradecer


 


Y ya es casualidad haberlo encontrado ahora porque a pesar del despiadado bombardeo publicitario casi me había olvidado de que hoy es San Solterín.

jueves, 9 de febrero de 2017

Tú te lo pierdes

Lo voy a aclarar desde el principio, porque igual en los siguientes párrafos parece lo contrario, pero yo tengo una autoestima bastante enclenque. Soy muy muy consciente de mis defectos y limitaciones porque siempre estoy en primera fila de mis enormes cagadas y soy un público difícil, de los que no perdonan fácilmente un resbalón. Hay muchas cualidades (muchísimas) que no tengo y me encantaría tener y un millón de cosas que cambiaría de mi. Pero también sé que hay unos cuantos rasgos importantes, básicos, que yo tengo y que no son tan corrientes. Y puedo decirlo con total tranquilidad porque no es mérito mío, sino de los Speedypadres que me han sabido educar concentrándose en lo (a mi juicio) esencial de verdad. Esencial y poco habitual, dicho sea de paso.

Y yo lo sé bien: estoy en esa época de la vida en la que no paras de pegarte leches porque cosas que dabas por sentadas resulta que no están tan garantizadas como siempre habías creído. Crecer, lo llaman algunos. Yo lo llamo darte cuenta de que la gente va a su bola y no puedes fiarte de (casi) nadie. Y es curioso que esta revelación no sea algo que se tiene de una vez por todas y ya está, sino que sea como una serie de explosiones sucesivas en tu corazón. Cada vez que te pasa con alguien es un latigazo. Siempre piensas que a la siguiente ya te lo vas a esperar y que no te va a doler, pero resulta que sí, que duele cada vez. Un chollo  total, vamos.

De la suma del dolor de esta cadena de explosiones sólo sacas la enseñanza general de que el ser humano es colosalmente egoísta, que (casi) todo el mundo se pone a sí mismo en primer lugar y que sólo hará algo por ti a quien le intereses por algo o le encajes en sus planes de vida de alguna manera. Salvo honrosas y escasísimas excepciones, por aquello de que quien tiene un amigo tiene un tesoro,(casi) nadie va a estar a la altura de las circunstancias.

Bien, pues yo soy una de esas excepciones. De mi te puedes fiar. Yo soy leal, sincera, honrada. Yo siempre estoy ahí. Yo me preocupo por ti, te escucho, te cuido. Yo pienso en lo que te viene bien a ti, igual que en lo que a mi me conviene. Yo estoy atenta a los detalles. Yo guardo tus secretos. Yo mantengo mis promesas. Puede que no sepa cantar, ni dibujar, ni cocinar. Puede que sea la peor fotógrafa de la historia de la humanidad, que mi habitación sea un vórtice de entropía y que no entienda ni jota de deportes y vídeojuegos. Pero a mi ME IMPORTAS y siempre podrás contar conmigo para lo que necesites.

¿Y tú tiras todo eso a la basura por... ni siquiera sé si es a cambio de algo? Bueno, pues tú te lo pierdes. No se hizo la miel para la boca del asno.

martes, 7 de febrero de 2017

Imposibles conversacionales

Aunque en mi vida en 3D hablo como si o fueran a prohibir (en cuanto a cantidad y ritmo) la verdad es que charlar en otro tipo de soportes se me da bastante peor. Las conversaciones telefónicas, por ejemplo, no me molan. No ves la expresión facial del otro, ni te queda claro si ha terminado ya su intervención y te toca contestar, ni sabes si está centrado en lo que le dices o haciendo siete cosas a la vez y por tanto a por uvas de todo. Tampoco soy precisamente la reina de los grupos de whatsapp, dada mi infinita capacidad de cambiar unas letras por otras en un intento involuntario de inventar un idioma nuevo. Pero si hay algo que se me da mal es charlar por internet. De verdad, en eso soy una negada absoluta.

Lo sé y lo asumo. Soy consciente de que por ese medio se me ocurren mucho menos temas de conversación, que escribo tan lento que al otro le crecen las uñas de los pies esperando mi respuesta y que el nuevo idioma que intento involuntariamente crear en whapsapp también lo aplico aquí. Pero aún reconociendo mi inutilidad extrema en este campo concreto tengo que deciros que no soy la peor que me he encontrado por estos lares. Ni de coña.

Porque a ver, no creo que sea mucho pedir un signo de puntuación de vez en cuando. No voy a exigir que distingas entre punto y punto y coma (que no lo tengo claro ni yo) pero saber si has acabado de hablar o si vas a seguir escribiendo no me vendría mal. Como también sería positivo que me dieras una pista en forma de interrogante sobre si tu última frase es una pregunta o una afirmación o que usaras alguna mayúscula en el caso de que exista un punto invisible que marca sólo en tu mente el final de tus palabras.

Otra tema que ayudaría un montón sería concretar un poquito. No mucho, ¿eh? Lo justo y necesario. Preguntas como "¿Tienes algún interés?" dejan, sin duda, un gran espacio a la creatividad del que tiene que contestar, que no sabe si contarte el tipo TAE que le aplican en su entidad bancaria o explicarte sus aficiones o defender a capa y espada su personalidad y valía que POR SUPUESTO interesan a más de uno y más de dos.

Y bueno, lo que sería ya la repanocha montada en bicicleta es que el del otro lado de la pantalla pusiera algo de su parte para que la pelota conversacional pasara al otro campo. Porque a ver, vamos a hacer un repaso rápido, por si el tema no está claro. Primero pregunto yo. Después te toca a ti responder. Y después es mi turno de nuevo. Y vale, que sí, que me toca a mi otra vez, pero que algo de material has tenido que poner tú para que yo pueda devolverte la bola. Si contestas sin más, el tiro pierde fuerza y no pasa la red para llegar hasta mi cancha. Cuenta algo interesante, o hazme una pregunta o relacionalo con otro tema. Dinamiza el juego con un raquetazo contundente o el partido se va a acabar en un plis, ya te lo digo...

No sé, igual es que pido imposibles. Va a ser eso...

viernes, 3 de febrero de 2017

Grados de optimismo

Ser optimista es apuntarte al gimnasio y creer que vas a ir tan frecuentemente como te propusiste al rellenar la hoja de inscripción.

Ser MUY optimista es pensar que gracias al ejercicio vas a perder todos los kilos que habías planeado

Y ser el COLMO del optimismo total es creer que por una cuota razonable vas a tener acceso a unas instalaciones con máquinas de calidad, buenos horarios de clases y que además de todo eso los vestuarios van a ser... MIXTOS. Es decir, UNISEX, chicos y chicas mezclados, ahí, a lo loco. Claro que sí, guapi.

Bueno, pues así de optimistas eran los dos señores que me crucé el otro día en mi gimnasio, que entraron tan campantes al vestuario de chicas creyendo que iban a cambiarse allí.  Cierto es que traían cara de despiste, asomaron la cabeza, vieron dos féminas y su reacción automática fue salir de la habitación pensando que se habían equivocado. Pero en los dos segundos siguientes la información captada por sus retinas llegó hasta su cerebro y la cosa cambió.

Porque junto a la imagen de una Speedy ya lista para irse con bufanda puesta y todo vieron a la MACIZORRA que ocupaba la taquilla de al lado y que estaba en plena operación secado post-ducha. Una de estas chicas adictas al gimnasio que en realidad no necesitarían ir porque ya tienen un vientre plano, unas piernas firmes y torneadas y un culo duro como una piedra. Vamos, el sueño de todo hombre hecho realidad. Así que ante semejante imagen los dos despistadillos volvieron a entrar y me preguntaron, con la cara de quien pregunta si le ha tocado la lotería de Navidad.

-¿Para cambiarse es aquí?

Y yo, con máxima delicadeza y cuidado, con la sutileza de quien no quiere romperle el corazón a nadie ni hacer añicos sus ilusiones les contesté:

-Ya os gustaría ;P

Madre mía. Aún quedan optimistas totales. Quien iba a decirlo.