viernes, 20 de enero de 2017

El superpoder de Buenafuente

Como buena superheroina, hago gala de una amplia gama de poderes extraordinarios y como LERDA de manual estoy siempre pensando en que me encantaría tener los que me faltan. No sé, a lo mejor es el precio que hay que pagar por observar mucho a tu alrededor. Yo voy por la vida mirando a los demás y pensando: "¡Qué bien baila! Lo que daría por bailar así..."; "¡Qué agilidad mental! Pagaría por tener esa velocidad de reacción..." "¡Qué físico tan bien entrenado! La de horas de gimnasio que me quedan para eso..." Este tipo de pensamientos me pasan por la cabeza a todas horas y el otro día lo pensé viendo a Buenafuente en la tele. Pensé: "Yo quiero tener ese superpoder...."

No me refiero a que sea gracioso (que lo es), ni ocurrente (que también) sino a que es capaz de hacer cualquier comentario (incluso uno negativo y crítico) y no resultar ofensivo. Lo que Speedymum llamaría "saber decir la cosas".

Lo demostró hace poco en una de sus programas, el que os enlazo aquí. El tema es que el invitado debía de ser un poco especialito y le mandó un cuestionario completo (y respondido) para que el presentador lo usase durante la entrevista en directo en lugar de hacer sus propias preguntas. Buenafuente, CON RAZÓN, se ofendió porque se dudase de su profesionalidad y dijo que TURURÚ. Que por supuesto que no iba a hacer ese cuestionario y que además iba a afearle ese gesto al invitado allí mismo.

El cómico estaba enfadado, se notaba, y fue duro y crítico. Expresó su malestar por lo del asunto de las preguntas y tampoco se cortó al cuestionar la eficacia de los libros que el entrevistado venía a promocionar. Y TODO eso lo supo decir tan estupendamente bien que en ningún momento hubo tensión ni conflicto. Mantuvo la calma, empleó un tono conciliador, recurrió al humor, no incurrió en falta de respeto alguna y quedó como un señor sin callarse nada. Esa noche dormiría a pierna suelta, eso seguro, porque le soltó todo lo que le vino en gana. Pero se lo soltó BIEN, que es lo difícil en estos casos.

Yo ALUCINO con la gente que es capaz de hacer eso. Las personas que, en situaciones de desacuerdo, incluso de conflicto, en temas que les duelen o les cabrean, consiguen expresar lo que piensan eligiendo las palabras adecuadas. Usando un gesto sereno. Con una actitud tranquila, pero firme que es tremendamente difícil de desmontar. Esa gente consigue todo lo que se propone.

Porque cuando hay pelea la Masa se pone verde y no hay quien le gane calzando leches al personal. Pero por suerte hay muchos temas que no se deciden con tortas de por medio y funciona es el poder de Buenafuente. Y ya le gustaría a la Masa tenerlo, ya...

miércoles, 18 de enero de 2017

Coraza Que Te Den Dos Duros

Uno de mis propósitos para 2017 era ponerme las pilas en asuntos ligoteriles para echarles una mano a los Reyes Magos con su encargo. Esto hace falta porque yo soy muy de "lo que tenga que pasar pasará cuando tenga que pasar" y últimamente (y desde hace mucho, además) esa máxima se ha traducido en que no pasa nada de nada de nada de nada de nada. Y ya me he cansado de tanta nada, la verdad.

Así que había pensado salir del banquillo y saltar al terreno de juego, aunque sólo sea para divertirme mientras dure el partido. La cuestión es que, entre que hace mucho que no entreno y que estoy baja de defensas, como me despiste me van a pegar una paliza de padre y muy señor mío. Ademas, siempre he tenido la piel muy fina para estas lides, por lo que más me vale agenciarme una buena coraza y un casco y coderas y espinilleras y guantes y todo tipo de elemento protector contra las leches que, con toda seguridad, me van a calzar en el proceso.

Porque sí, soy muy consciente de que salir a la cancha no es siempre un camino de rosas. Sé que hay la tira de jugadores en el campo que tienen el gen de la gilipollez dominante y que querrán hacerme fintas para despistarme y tapones para que no consiga tirar a canasta. Sé que muchos simularán estar en mi equipo y después se pasarán al otro bando, de repente y sin avisar. Sé que haré pases a gente que no recogerá el balón y que recibiré muchos codazos, golpes y pisotones al intentar coger un rebote cualquiera.

Conozco bien los peligros de los deportes de contacto y por eso tengo que protegerme con una nueva actitud a prueba de balas y de cualquier tipo de proyectil emocional. La llamo la Coraza Que Te Den Dos Duros y  tiene diversos accesorios para contrarrestar mis debilidades sobre el terreno de juego. 

-Casco Contra Rayadas Mentales. 
Yo soy muy de darle vueltas a las cosas: "¿Y qué habrá pasado?" y "¿por qué tal?" y "¿por qué no cuál?" Me vuelvo loca buscando explicaciones aún cuando sé que a estas alturas de la vida las cabezas están fatal y la mitad de las veces no hay explicación que valga. Así que me pondré este casco y me daré cuenta de que mucha gente tiene un cable suelto en el cerebro que hace chispa y provoca reacciones inexplicables. Y que esa gente cuanto más lejos mejor.



-Bloqueador de Paciencia Excesiva
Las cosas no suelen salirme a la primera, así que yo soy muy de insistir. Esto, que en el 90% de las situaciones es algo bueno, en los intentos ligoteriles fallidos  te lleva de cabeza al desastre. Me cuesta un mundo admitir que lo que no puede ser no puede ser y muchas veces me encabezono en historias lacerantes con gente que a la larga demuestra no merecer semejante esfuerzo. El Bloqueador me ayudará a reconocer pronto a sinvergüenzas y trastornados con los que hay que tener tolerancia cero.



-Engrasador de Despedidas.
Otra cosa que se me da fatal es poner puntos finales. No sólo por lo de la paciencia excesiva que decía antes sino porque vivo los adioses como un fracaso personal. Siempre me da la sensación de que me estoy perdiendo algo bueno, lo cual es una memez como un castillo, obviamente. La mayoría de las veces "a enemigo que huye puente de plata" es el refrán más cierto del mundo porque esa despedida es una bendición que deja sitio a algo mejor. El Engrasador me ayudará a decir bye bye, arrivederci, au revoir, do svidaniya, aaaaaaaaaadiós. 




QUE-TE-DEN-DOS-DU-ROS

domingo, 15 de enero de 2017

Booooomba

Cuando estábamos en los últimos cursos de la Academia de Formación de Superhéroes, a mis compañeros y a mi nos tocó hacer prácticas en todos los sitios imaginables para complementar nuestros conocimientos teóricos viviendo situaciones de batalla reales. Como es lógico, si eres un pardillo que acabas de terminar de estudiar no te van a mandar de primeras a salvar al mundo de la destrucción total. Empiezas bajando gatos de árboles y cosas así, para ir cogiéndole el tranquillo al tema y trabajas con empresas de salvamento novatas que se dedican a quehaceres menores y que muchas veces no sobreviven a largo plazo.

Esto implica que en los primeros años de carrera  el curriculum de muchos superheroes está lleno de empleos en entornos laborales que ya no existen. De hecho, una de mis compañeras de promoción enganchó una mala racha y acumuló en su experiencia muchos trabajos en empresas que se fueron a pique justo después de que ella dejara de currar allí. La cosa era tan exagerada que nos reíamos diciendo que tenía la "Maldición del primerizo" y nos daba miedo que nos la pegara.

Bien, pues tengo una triste noticia: ahora la maldición la tengo yo. El karma, que es muy sabio, me ha devuelto todas las risas que me eché a costa de la desgracia de mi pobre compi de promoción pasándome a mi el mal de ojo. Llevo una rachita que bueno... mejor no os cuento, entre otras cosas porque ese no es el tema de esta entrada.

El tema de este post es que cuando encadenas un desastre laboral tras otro se te agudiza el olfato y te hueles enseguida cuando las cosas empiezan a torcerse en tu empresa. A la mínima intuyes que el tema va a ponerse feo y la experiencia te dice que será un proceso lento, largo, tenso y doloroso que acabará como el rosario de la aurora. La cuestión es: ¿cuándo?

Porque eso es lo realmente difícil: controlar los tiempos. El barco se hunde, lo sabes. Lo que te toca hacer ahora es agarrarte a los restos del naufragio y aguantar a flote todo lo que puedas antes de que la embarcación se vaya al fondo y te arrastre con ella. Hay que esperar, esperar, esperar, esperar... y saltar en el último momento juuuuusto antes del desastre.

Y eso, queridos lectores, es un ESTRÉS. Y una tensión. Y un sufrimiento continuo. Incluso para los nervios de acero de una superheroína como yo vivir con esa espada de Damocles encima permanentemente es una caca de la vaca Paca. Tengo la misma sensación que cuando era pequeña y jugaba a bomba. Sabéis que juego os digo, ¿no? Ese en el que había que pasarse unos a otros un globo de agua que tenía un temporizador y que se pinchaba cuando se acababa el tiempo, calando hasta los huesos al pobre pringado al que le hubieran pasado el globo en ese momento. El reloj sonaba y ¡¡¡¡PLAFFF!!! ¡¡AAAAAGUA VAAAAAAAA!!

Ahora, de nuevo, mi peculiar temporizador de hundimientos laborales parece haberse vuelto a poner en marcha. Ooooootra vez.

TIC TAC TIC TAC TIC TAC TIC TAC

Estoy hasta el pico de la boina de este juego. En serio. Ojalá pudiera dejar de jugar.

miércoles, 11 de enero de 2017

Propósitos

No suelo hacer propósitos de Año Nuevo porque me conozco y al tercer día no es que se me hayan olvidado es más bien un "¿¿¿propoqué???" Sin embargo este 2017 me apetece porque tengo muchos temas pendientes y muchas cosas que quiero que sean distintas, lo que implica necesariamente que no me queda otra que introducir cambios en mis hábitos. Y el comienzo de un año nuevecito y brillante, así sin estrenar, es tan buen momento como otro cualquiera para ponerme con estas innovaciones. Así que vamos a ello.

-Recuperar el blog.
Esto es un must, pero must, must.  La SuperMovida acaparó totalmente mis reservas de tiempo disponibles y me alejó del teclado, pero la cosa ha debido de ser aún más grave porque acabé ese infierno estudiantil el pasado mes de junio y en el año completo he escrito dos entradas menos que en todo 2015, en el hubo SuperMovida a todas horas, no sólo el 50% del curso. Total que mal, muy mal, no sé lo que me ha pasado pero hay que ponerle remedio desde ya. De momento, instauro la obligación de dos post obligatorios a la semana, llueva o no llueva. Intentaré publicar martes y jueves, pero no prometo nada porque hoy es miércoles y aquí me tenéis, pero vaya, que lo importante es la intención.

-Pintarme y peinarme bien todos los días para ver si reencuentro a la nueva Speedy.
Creo que esto no llegué a contároslo en su día, ya haré una entrada, pero vamos, se podría resumir en el grito de guerra "la antigua Speedy ha muerto, ha sido terrible, nunca la volveréis a ver". Ya os contaré, ya...

-Ayudar los Reyes Magos con su encargo
Esto también tengo que explicarlo con tranquilidad en otro post, pero la idea es que yo nunca hago nada en asuntos del corazón y este año me he propuesto hacer algo cada día, por pequeñíiiiiiiiiiiisimo que sea ese algo, pero CADA día. A ver qué se me va ocurriendo. Hasta ahora he cumplido (creo).

-Tirar basurillas reales y metafóricas
Acumulo tantos zarrios en mi casa que muy pronto no cabré ni yo. Ropa que no me pongo, electrodomésticos que no fucionan, restos inservibles de fiestas de disfraces... todo lo que os podáis imaginar. Padezco un transtorno serio y me cuesta la misma vida tirar algo, por muy zarrapastroso que sea. Pero se acabó, en 2017 hago limpia. Ya no me queda ni un milímetro más donde guardar mierdas.
Las otras basurillas, las metafóricas, son las del cerebro y el corazón, esos sentimientos o gente que ocupan espacio y que no sólo no te hacen ningún bien, sino que te hacen mal. ¡Esas basurillas fuera este año! Como sea.

-Perder algún kilo más
Esto también os lo tengo que contar con más calma, pero en breve se podría decir que mi guerra contra los kilos se estaba empezando a encauzar satisfactoriamente cuando de repente irrumpieron las supercomidas y cenas navideñas y mi plan se fue al garete con esta frase de abajo.



Ahora vueeeeeeeeeeeeelta a empezar. ¡Qué horror! Lo bueno es que en el gimnasio ya soy tan tan tan habitual que en vez de por mi nombre me llaman chiqui (donde hay confianza da asco) y que tengo un plan para echar a los kilos polizones que se llama ayuno involuntario y que tienen poco de ayuno y nada de involuntario. Ya os iré contando...

Tengo algún propósito  más pendiente pero para empezar me vale con estos. A ver qué tal se me dan...

sábado, 7 de enero de 2017

Mi encargo a los Reyes Magos

¡Hola corazones!

¿Qué tal se han portado lo Reyes Magos con vosotros? Seguro que bien, que sois buenos chicos...
Conmigo Sus Majestades de Oriente siempre mantienen el nivel y un año más no han defraudado. Ahora, también es cierto que esta vez se han dejado algo pendiente. Les había hecho una petición pro, un encargo nivel experto, que ni ellos con todos sus poderes podían conseguirlo en un solo día, así que les he dado un plazo razonable, que vayan trabajando en ello y ya si eso cuando lo vean más claro que me den un toque. Lo que viene siendo un regalo en diferido en forma de simulación al más puro estilo Cospedal-Bárcenas.

¿Que qué regalo se me había ocurrido poner en mi carta para que hasta los Magos necesiten una prórroga? Pues un noviete. He decidido que en 2017 mi sequía absoluta eterna se va a acabar y que este año quiero mimitos y que me cuiden y que me traten bien, que ya me va tocando. La cosa es que, para que Sus Majestades no se confundieran y me trajeran un maromo que no va conmigo, se me ocurrió describirles en mi misiva qué tipo de novio quería. Y claro los Reyes se han quedado un poco flipados, los pobres, porque me he puesto a pedir y me he quedado sola.

Les he dicho que no se agobien, que no hace falta que el chico que me traigan sea guapo en plan Ian Somerhalder, que con que tenga un "algo" (por lo menos para mí) me conformo. Y que si echan un vistazo a mis exs se darán cuenta que esa no será ni de lejos la dificultad del encargo.

Les he explicado que lo más importante es que sea un tío legal, en el que se pueda confiar, honesto, sincero y que sepa guardar los secretos (no sólo los míos, sino los del cualquiera). Que también le tendrían que interesar muchas cosas (casi todo) y gustarle pensar planes nuevos y probar cosas distintas. Y que ganaría muchos puntos (muchísimos) si fuera gracioso o, mejor aún, ingenioso, porque implicaría que es un tipo listo.

Les he contado que además sería ideal que tuviera creatividad y disfrutara con el arte. pero no en plan snob "en esta obra se atisban las obsesiones del autor" sino más bien que le toque la patata un espectáculo de teatro o que le mole una peli que no necesariamente esté llena de tiros ni efectos especiales impresionantes. Que estaría genial que le gustara leer y comentar conmigo lo que lee y que ya sería la bomba si fuera tan tan tan fan de escribir como yo. Es más, les he soplado a los Reyes que si encuentran a un chico que sepa escribir bien, que no lo pierdan de vista, porque será muy posible que cumpla también muchas de mis otras peticiones, que se lo digo por experiencia.

Eso sí, les he dejado muy claro a Sus Majestades que el maromo que me traigan me tiene que tratar bien. No, no, sólo bien no, BIEN con mayúsculas. Tiene que valorarme y ser muy consciente de que, pese a todos mis defectos, en conjunto soy una pasada y que tiene muchísima suerte de estar conmigo (la misma suerte que tengo yo de estar con él, vamos). Por eso me lo demostrará cada día con tontadas que sabe que me llegan como traerme por sorpresa un boli chulo en esa papelería que me encanta, dejarme la última chocolatina de la despensa por si he tenido un día de horror en el curro y NECESITO MI DOSIS o escribirme mensajes subliminales como este de abajo en los sitios más inesperados.


Y por supuesto los Magos ya saben que el tío que me regalen tendrá que respetarme, cuidarme y escucharme tanto como yo a él, es decir, UN MONTÓN, Supongo que, dado lo sabios que son, Melchor, Gaspar y Baltasar tienen claro que les queda mucho curro por delante para cumplir mi encargo, pero oye, mala suerte, es su trabajo, haber elegido muerte, que decía el chiste. Y si no pueden encontrarlo ellos que tienen poderes regalísticos infinitos, ¿quién podría?

miércoles, 4 de enero de 2017

2017 ¡allá voy!

Estuve intentando hacer balance de 2016 pero la extraordinaria velocidad a la que mueren mis neuronas reduce preocupantemente mis recuerdos disponibles. No me acuerdo de lo que pasó  el año pasado ni aunque me maten, oye. Qué horror.

Tengo algunas cosas claras. Sé que la recta final de la Supermovida hizo de mi vida un auténtico infierno durante meses, pero también que fue el curso en el que ¡por fin! acabó definitivamente ese averno estudiantil, lo que fue lo mejor que me ha ocurrido en décadas. Sé que estuve a punto de perder algo genial, pero lo recuperé (o eso creí en aquel momento). Sé que viví la última parte de un ciclo pésimo en el curro y el principio de otro no tan malo. Sé que se produjeron varias crisis hospitalarias y por suerte todas acabaron medio bien. Sé que no viajé en verano tanto como me habría gustado, aunque por lo menos encontré a mi alter ego SpeedySurfera, que algo es algo. Mi sensación es que 2016 fue regulero, pero según los pocos datos almacenados en mis escasas neuronas supervivientes parece que no estuvo mal. Tampoco bien, la verdad. Neutral. Eso podría ser una valoración próxima a la realidad.

El caso es que ahora llega 2017 y NO PUEDE ser neutral. Ni malo. Se acabó. Me toca uno bueno. ME TOCA. Me lo merezco. 2017 tiene que traer diversión y tranquilidad y salud y amor. Y ya puestos a pedir un poquito de dinero.

Habrá que ponerse las pilas...


jueves, 22 de diciembre de 2016

De algo hay que morir


Ya lo he dicho otras veces: no soy buena encajadora. Siempre intento usar mi supervelocidad para esquivar las leches porque cuando me dan, me tumban y tardo la misma vida en levantarme. No soy de las que sana rápido, no.... Ya me gustaría a mi.

Esto siempre ha sido así pero últimamente, además, tengo bajas las defensas. No sé qué pasa, pero de un tiempo a esta parte cualquier golpecito de nada me aboya la carrocería. Es como si de tanto usarlo mi muro de protección se hubiera desgastado y ahora fuera una finísima capa blandengue que no me protege nada de nada. Y así, claro, cualquier proyectil por poco potente que sea causa serios daños.

Vista la situación, y en aras de mi propia seguridad, había decidido replegarme sobre mis posiciones y evitar cualquier tipo de confrontación y de riesgo al menos hasta que mi muro ganara consistencia y volviera a servir para amortiguar los golpes. Parecía lo razonable. Comerse leches por comerse leches sin ninguna clase de seguridad podía acabar como el rosario de la aurora. Por eso el plan estaba claro hasta que leí esto:








Y pensé: "¡Qué coño! De algo hay que morir..."