viernes, 11 de agosto de 2017

A ver cuándo espabilo...

Acabo de volver de unas vacaciones surperchachis en las que, fundamentalmente, me he dedicado a triscar por bosques, ríos y pantanos de las formas más entretenidas y diversas. He bajado a cuevas profundas. Me he lanzado al vacío desde siete metros de altura. He navegado-naufragado en piraguas de todos los tamaños. He practicado tiro con arco. Y en general me he dedicado a jugarme la vida mientras me partía de risa por mi propia inutilidad y la mala leche de mis compañeros de aventura, todos ellos doctores honoris causa en hijoputismo gratuito. Qué horror.

El caso es que estos días ha habido tiempo para todo. Para respirar aire puro. Para ejercitar los músculos (sobre todo los abdominales, a causa de las carcajadas). Para conocer paisajes nuevos. Para salir de juerga. Para confraternizar con la naturaleza. Y venga, lo voy a confesar ya, que sé que lo estáis deseando, para confraternizar con otros seres humanos. "Confraternizar" con y sin comillas, queridos lectores. Vosotros ya me entendéis...

Desafortunadamente a mi, como suele ocurrirme en los últimos tiempos, me han faltado las comillas y estaba pensando en mi laaargo viaje de regreso a casa por qué leches me han faltado. Quiero decir... En ese nutrido grupo de aventureros, material había. A lo mejor no material para sacar un novio en condiciones ni un amor para toda la vida (tampoco le pidamos peras al olmo) pero para unas comillas temporales de jijijaja y lo que surja, pues sí. Y vosotros os preguntaréis, ¿y entonces qué ha fallado? Y yo os respondo: Ni repajolera idea.

Supongo que mi proverbial inutilidad para asuntos ligoteriles habrá tenido bastante que ver. Y que tampoco habrá ayudado mi extrema lentitud para coscarme de que alguien me hace tilín o mini-tilín. Así que dentro de mi cabeza los temas cardíacos han transcurrido tal que así:

1º día. ¡Uy, cuánta gente! Voy a concentrarme en aprenderme todos los nombres, que eso siempre queda guay de primeras. Y sobre todo me iría bien centrarme en sobrevivir, porque bajando a esa cueva con estas zapatillas cutronas se me puede tragar la tierra.

2º día. Pues es todo el mundo muy majo. Oye, y cuánto me he reído con Juanito, Fulanito, Menganito y Zrutanito que son con los que he coincidido en el turno, ¿no? Muy bien. Y un día más que hemos escapado de las garras de la muerte, estupendo.

3º día. Hay qué ver, qué amables Juanito, Fulanito y Zrutanito ayudando a los que se quedaban atrás, ¿eh? Así da gusto. Y he visto pasar toda mi vida ante mis ojos, pero al final he saltado al río desde 7 metros de altura. No se lo va a creer nadie cuando lo cuente...

4º día. Quién diría que iba a tener tanto de qué hablar con Fulanito y Zrutanito, ¿verdad? Con lo distintos que parecíamos al principio.... Claro que estar al borde mismo de morir deshidratados tras 20 kilómetros de senderismo bajo el solazo abrasador unen a cualquiera. Nota mental: llevar siempre un par de botellas de agua. SIEMPRE. Hasta para ir a comprar el pan cada mañana.

5º día. ¡Solecito! Qué buen día ha salid¡JOER, QUÉ BRAZACOS LE HACE ESA CAMISETA A ZRUTANITO!, ¿no? Pero, pero, pero...¿siempre ha tenido esos brazos? ¿Y esos abdominales? ¿Y yo no me he dado cuenta hasta ahora?

Pues no, queridos lectores, no me había dado cuenta hasta entonces. Entre mi despiste natural y mi concentración absoluta en mantenerme con vida, cinco días me llevó coscarme de que Zrutanito me valía para "confraternizar" con comillas. A otras compañeras de viaje les costó menos, pusieron el intermitente, me adelantaron por la derecha y al turrón. Como debe ser.

El caso es que, repasando las fotos en el viaje de vuelta, reparé en que, mientras yo estaba completamente a por uvas, Zrutanito se sentaba siempre en mi misma mesa, remaba en la piragua de al lado, me sujetaba la cuerda en las partes más complicadas de la cueva y me ayudaba a ponerme el neopreno cuando parecía imposible subir la cremallera de esa prenda infernal. Y recordé también lo mucho que nos reímos esos días porque "Speedy, tú y yo tenemos un humor muy parecido, somos muy irónicos". Así que viéndole con la compañera espabilada que se me había adelantado no pude evitar pensar que yo seré una lenta que no se cosca de nada pero que...





Pues eso. Que a ver si espabilo para la próxima. ;P

jueves, 20 de julio de 2017

Operación secreta


Llevo desaparecida un tiempo y lo que te rondaré morena. Desde hace 6 días estoy trabajando en una operación secreta. Su nombre en clave es Vacaciones y se desarrolla en diversos puntos de la geografía peninsular. Mi trabajo consistirá en  infiltrarme en el sector turístico, playero y de aire libre y hacerme pasar por una guiri cualquiera. Quién sabe todo lo que exigirá esta nueva misión a la que me enfrento. Quizá comer paella y pescaito día sí y día también. Puede que sumergirme en lagos, mares, piscinas y todo tipo de masas acuáticas. Es posible que salir de cañas, de juerga y de lo que se tercie. Y no descarto que tenga que aprender cosas nuevas y conocer gente. Lo sé, suena fatal. Será duro, pero yo soy una profesional entrenada para sobrevivir a todo tipo de situaciones y estoy segura de que resistiré.

Podría contaros más, pero luego tendría que mataros.

Este mensaje se autodestruirá en 3, 2, 1...  

miércoles, 12 de julio de 2017

Lunes lunérrimo

Hay lunes normales, malos, lunes muy lunes, superlunes y lunes lunérrimos. Mi lunes de esta semana se inscribe definitivamente en esta última categoría. Y no se lo deseo a nadie.

Está claro que de un lunes nunca se esperan grandes cosas porque, a ver, significa el final del descanso y la vuelta al curro, no vamos a dar saltos de alegría. Y tengo muy asumido que mi vida normal normal, lo que se dice normal, nunca es. Pero lo de este lunes ya pasa a otro nivel. De verdad os lo digo.

Nada más salir de casa perdí el bus en mi misma jeta. Qué se le va a hacer. 20 minutos después perdí el transbordo, claro, faltaría más. Después fui al médico, para el que tenía hora hace meses (cuando me la dieron) y se indignó de que hubiera ido a su consulta. Que por qué había acudido a él y no a dermatología, me preguntó. Porque a mi médico de cabecera le ha parecido la mejor decisión, le contesté. Pues muy mal. Pues vale. Y así me quedo hasta que el dermatólogo tenga bien atenderme, dentro de unos mil años. Plus minus.

Después llegué a trabajar. Cuatro horas de una tediosa labor que tendré que volver a repetir porque parece que no me explico con la suficiente claridad. Salí a comprarme algo de comer y la lié parda en el supermercado.

¡¡¡PLATAPLOF, PIM POM CRASH!!!

Mi compra al suelo.

No sé cómo me las arreglé para tirar mi mochila del gimnasio, donde estaba metiendo los productos adquiridos, entre otras cosas un bote de miel que rebotó contra el piso, se rompió en mil pedazos y se convirtió en un aspersor dulce. El preciado trabajo de las abejas pringó toda mi ropa, el suelo, a la cajera, a una clienta que estaba pagando e incluso llegó a una estantería que estaba bastante alta. Claro que sí. Recomiendo encarecidamente intentar recoger la sustancia más pegajosa del mundo bajo la atenta supervisión de media Speedytown, que te mira entre el enfado, la pena y la estupefacción. Es genial. En algún momento de la maniobra, además, oí un sospechoso sonido de tejido desgarrado y mientras volvía a mi curro me di cuenta de que se me había roto el pantalón. Claro que sí. Porque llegar a la oficina oliendo demasiado a flores no iba a ser suficientemente difícil de explicar.

Y queridos lectores, no olvidemos que llegar al trabajo no siempre significa poder entrar, si la llave de la puerta decide convocar una huelga indefinida secundada por ella y todas sus copias. Quien no haya estado 35 minutos delante de un umbral, probando 3 versiones distintas de la llave correcta sin conseguir traspasarlo no sabe lo que se pierde. Igual debería haber probado aquello de 'Ábrete Sésamo'. Habría sido más efectivo, desde luego.

Aunque, si os digo la verdad, ya me habría gustado a mi no poder entrar. Porque fue poner un pie en mi centro laboral y darme cuenta de que caían cascotes del techo. Claro que sí. Se ha abierto un portal del tiempo, he viajado hasta la Segunda Guerra Mundial y estoy en medio de un bombardeo. Igual por eso las llaves habían convocado los paros parciales...

Total, que con mi desesperación, mis pantalones rotos y mi cara de estar al borde de un ataque de nervios subí al piso de arriba a decirle a mis vecinos que pararan las obras de su casa, porque en mi oficina íbamos a morir aplastados entre escombros. Y para demostrarlo les llevé dos trozos grandes de los cascotes que habían caído y que yo agitaba sin parar para enfatizar mis argumentos. Qué facha no me debieron ver los albañiles que me dijeron que sí que sí, que paraban, pero que ya hablaríamos al día siguiente, porque es tarde no íbamos a sacar nada en claro, dado mi estado de ánimo.

Y para colmo de males todo eso pasó en un lunes que también era el maravilloso primer día de mi maravillosísima regla, con todos sus maravillosos síntomas y efectos secundarios. Claro que sí.

Sé que pensaréis que estoy exagerando porque este blog es muy de exagerar, bien es cierto. Pero os sorprendería saber lo parecidas a la vida real que son algunas entradas. Por ejemplo esta.

lunes, 10 de julio de 2017

Tarde de finales felices

Me las prometía yo muy felices porque las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina y por fin iba a poder poner mi vida en pause para desconectar total, que buena falta me hace. Pero no sería un año impar si no trajera sorpresita incluida y  uuuuuna vez más, mis planes de relax peligran. Voy a luchar con uñas y dientes para sacar por lo menos algunos días y un viajecillo, pero ya es oficial que una versión compactada de la Supermovida ha llegado a mi verano para amargármelo y poco puedo hacer más allá de suspirar, resignarme y llevarlo lo mejor posible. Que es muy requetemal, ya os lo digo.

El caso es que mi tortura estival empieza hoy lunes y por eso el sábado, con los deberes hechos y 15.000 pasos registrados en mi pulsera de actividad en la primera mitad del día, decidí que me merecía un descanso. Un tarde de sofá, chuches e historias felices. Así que me fui a casa de los SpeedyPadres, que tienen una tele de esas con mil millones de trillones de canales y fui saltando de uno a otro en busca de grandes clásicos. Y por casualidad todos ellos los pillé en la recta final, cuando el drama, el sufrimiento y la incertidumbre ya habían quedado atrás.

Llegué en el "no dejaré que nadie te arrincone" de Dirty Dancing saltándome los prejuicios sociales de la familia de Baby, los malentendidos y las dificultades. Llegué a la salida triunfal y los plausos de Oficial y Caballero, obviando la muerte el amigo del protagonista, los miedos del protagonista y la soledad de la protagonista. Y llegué al discurso final de El Presidente y Miss Wade y tuve que meterme en internet a verla entera porque esa peli está llena de frases míticas que nunca está de más recordar.

-El mejor corte de que se le puede dar a los que están activísimos desde primera hora:
    -Louis, deberías reducir a la mitad el café que tomas por las mañanas
   - Nuca tomo café
   - Pues pégate con un bate en la cabeza

-Lo que te dan ganas de decirles a los que están colapsados por el trabajo:
    -Venga, relajaos, es Navidad
   -¿Es Navidad?
   -¿No te han pasado el informe?

-La conversación que todas hemos tenido (más o menos) sobre si te conviene o no el chico del momento:
     -Ese hombre es el líder del mundo libre. Es brillante. Es divertido. Es un bailarín mas que  aceptable. ¿No te parece que estamos poniendo el listón un poco alto?

-Un argumento para dejar sentado a quien sea con quien estés negociando.
     -Todo el mundo dice que está a favor de cuidar el Medio Ambiente pero cuando llegan las elecciones a nadie le importa. Por eso tienes un trabajo.
     -Cuando llegan las elecciones a la gente le importa lo que yo digo que les ha de importar. POR ESO tengo un trabajo.

Y por supuesto todo el discurso final, claro, que una americanada exageradísima, pero en el que se cuelan algunas grandes verdades.
     -¿Quieres libertad de expresión? Veamos si respetas a un hombre cuyas palabras te revuelven la sangre. Un hombre que está en el centro del escenario defendiendo a auténtica voz en grito aquello a lo que tú te has opuesto, también a voz en grito, durante toda tu vida. Por eso, el símbolo de la libertad de un país no puede ser sólo su bandera, tiene que ser cada uno de sus ciudadanos ejerciendo su derecho a quemar esa bandera como protesta.

     -Sea cual sea su problema, ese político no tiene ningún interés en resolverlo. A él sólo le importan dos cosas, dos cosas solamente: conseguir que ese problema les asuste y decirles a quién culpar de él. Así, señores y señoras, se ganan unas elecciones.

      -No podemos reducir la delincuencia si no hacemos desaparecer de las calles las armas de fuego. Las considero un peligro para la seguridad nacional y pienso ir puerta por puerta si hace falta convenciendo a los americanos de que tengo la razón y de que me den sus armas.

Pondría unas cuantas frases más, pero ya os hacéis una idea. Se nota que soy un poco fan de la peli, ¿eh? ;P


viernes, 7 de julio de 2017

Pulsera cutrona-molona de actividad

Mi pulsera de actividad está manchada de chocolate. Este hecho tan sorprendente como contradictorio puede ser sumamente esclarecedor y decir de mí más de lo que me gustaría. Y es que estar hecha una deportista total y practicar todo el ejercicio posible no está reñido con mantener mis vicios chocolateros y mi glotonería imparable. Una pasada, en serio. Qué horror.

Lo que también es verdad es que mi pulsera de actividad nunca ha sido una pulsera de actividad al uso. Desde luego, no una de esas mega profesionales y carísimas que se compran los motivados para controlar sus mejoras. La mía es cutre total, la pillé de oferta y mide los pasos (a su manera) y poco más.

Y ahí quiero llegar yo, a como mide los pasos. Con buena voluntad, sin prejuicios ni remilgos. Vamos, que le da igual si entre paso y paso te has trapiñado unos huevos rotos porque estás de tapas o si las piernas las ejercitas de probador en probador durante una agitada mañana de compras en la que de vez en cuando también te sientas o incluso si el movimiento viene de unos bailoteos alocados en una noche de concierto. Mi pulsera se limita a sumar pasos sin hacer preguntas, sin juzgar y manteniendo todo lo posible su mejor diagnóstico: calidad de deportes excelente. Claro que sí, jugando con el equipo.

Si vas a ser una pulsera de actividad cutre salchichera por lo menos que tengas actitud positiva y buen rollo, ¿no?

martes, 4 de julio de 2017

Como para escribir nada

Iba a escribir una entrada ayer, pero el día empezó con la típica escena de caos porque no te ha sonado el despertador y sales de casa a tropellada y tropezando con los  muebles y en general con la clara sensación de que los lunes son siempre una mala idea.

 


Y entonces llegas a trabajar y te esperan en la bandeja de entrada ocho millones de correos de gente triste que, como está amargada, lo que quiere es amargarle la vida a los demás y, en concreto, a ti. Y te da ganas de llamar a la policía para decirles esto.



Y sigues naufragando como puedes por tu maravilloso día, que se empeña en colocarte en encrucijadas en las que no sabes qué camino tomar porque no tienes suficiente información y porque... bueno, porque este de abajo podría ser el lema de tu vida.

 

Así que no escribes una entrada, claro. Como para escribir nada.

sábado, 1 de julio de 2017

La artista antes conocida como Speedy la Sedentaria

Bueno, pues ya está, ya es oficial, ya he pasado el rito de iniciación y he recibido el bautismo imprescindible de todo usuario habitual de gimnasios e instalaciones deportivas varias: ya me he caído en la cinta de correr.

Por suerte, no hay testigos oculares porque ahora con el calor, las vacaciones y las olas de pereza extrema en mi gimnasio no hay ni perri al mediodía, pero bueno, tengo dos heridas muy feas en la mano que demuestran mi tortazo. Un tortazo que, dicho sea de paso, podría haber sido mucho peor, así que oye, ni tan mal.

La secuencia de acontecimientos fue una cosa como la que sigue:

"Llevo minuto y medio corriendo y me apetece seguir la carrera tanto como arrancarme los ojos. Ay, parece que me duele la rodilla. Ay, estas zapatillas deportivas no me han hecho daño en todo el curso y ahora me aprietan los dedos, se me han debido de dilatar los pies por el calor. Ay, creo que tengo flato. Venga, no Speedy, hay que seguir, sólo llevas dos minutos corriendo, así nunca vas a mejorar. Distráete, venga, busca una distracción para olvidarte del sufrimiento. A veeeerr, ningún tío bueno a la vista. Ni tío normal. Ni tío feucho. Ni tía. Ni ser vivo de ninguna clase en 1 kilómetro a la redonda, Esto parece el desierto del Sahara. A veeeeer, sí, eso, pantallas de televisión, a ver qué tal esto. Noticias. Campeonato mundial de ajedrez. Noticias. 'Empeños a los Bestia'. 'Cámbiame'. Estoy a punto de cortarme las venas (como realidad, no como parte de la parrilla televisiva). 'House'. ¡Ah! House, venga, esta serie estaba bien cuando la veía hace 3000 años. El capítulo está empezado pero el caso me suena, debe de ser un episodio repetido. ¿Cómo acababa? Joer, los subtítulos salen dos siglos después, así no hay manera de seguir la escena. Yo creo que al final la esposa envenenaba al marido o tenía una doble identidad o algo así..."

PATAPLOFFF, PIN POM POM POM POM POM POM POM POM POM

"¿Eh? ¿Qué ha pasado? He debido de pisar mal y ahora estoy espatarrada en la cinta deslizante sin poder ponerme de pie. Y no hay nadie para echarme una mano. Creo que voy a morir aquí..."

De una manera o de otra conseguí sacar los pies de la cinta y agarrarme a algo para ponerme derecha. Como el gusano sale de la crisálida convertido en mariposa, yo salí de mi experiencia traumática convertida en otro ser, uno con superpoderes gimnásticos y runnerísticos. No es tan glamouroso como que te muerda una araña radioactiva, pero cada uno tiene su estilo.

Ahora sólo me hace falta un nombre molón. La artista antes conocida como Speedy la Sedentaria, por ejemplo. O igual un nombre con algo más gancho, ¿no?

Tendré que darle una vuelta...